"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

jul
26
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 26 julio 2018 a las 12:01 pm

Para los visitantes de mi cuarto: un aperitivo de uno de los próximos libros de Chamaquili. Chamaquili ya ha estado en Almería, en La Habana (dos veces), en el Oeste, y ahora visita la ciudad en Nueva York, acompañado por su inseparable Mapá. ¿Se imaginan las ilustraciones del gran Jorge Oliver para este libro?




Chamaquili y los rascacielos

 

 

–Mapá, ¿qué es un rascacielos?

–Esos edificios altos.

–¿Y por qué rascan el cielo?

¿Las nubes le están picando?

Y cuando empieza a llover,

¿es porque los edificios

de tanto rascar el cielo

le van abriendo orificios?

Y cuando empieza a nevar,

¿es porque los rascacielos

rascan las nubes heladas

y arrancan trozos de hielo?

¿Y quién los hizo, Mapá?

¿Un albañil alto-alto,

mil veces más que nosotros?

¿O una pila de albañiles

subidos unos en otros?

Mapá, ¿qué es un rascacielos?

¿Y al cielo por qué le pica?

¿Tiene alergia a los aviones?

¿La altura lo perjudica?

Mapá, ¿qué es un rascacielos?

–Chamaquili, ya lo sabes.

Esos edificios altos

que tocan las nubes suaves.

–Yo quiero, Mapá,

ser un rascacielos,

rascar las nubes,

controlar los vuelos,

mirar desde arriba

al que está en el suelo,

fabricar la nieve

(es decir, el hielo),

buscar a mi abuela,

hallar a mi abuelo,

hablar con los pájaros,

ponerte a ti pelo.

–Bueno, Chamaquili,

¿qué tiene que ver

con los rascacielos

mi cabeza, a ver?

Pues desde que soy

Chama-rascacielos

si miro pa’ abajo

solo veo suelo,

tejados y gorras,

paraguas y pelos,

menos tú, Mapá,

porque se ve al vuelo,

que estás, pobrecito,

calvuelo, calvuelo.

–”Calvuelo” no existe,

te lo has inventado.

–¡Como que no existe!

Esto es demasiado.

Si es un rascacielo

el que rasca el cielo,

un calvo que al vuelo

se ve desde arriba

eso es un “calvuelo”,

sin alternativa.

Y otro Chamaquili

qué pasó a su lado

preguntó a su madre

bastante asombrado:

–Mamá, ¿qué es un calvuelo?

Y la madre respondió:

–Un calvo que mira al cielo.

Y se partieron de risa

el Chama y los rascacielos.


Chamaquili en Time Square

Cuántas luces de colores.

Cuántas luminosidad.

Cuántos focos y bombillas.

Cuánta luz, qué claridad.

Pobrecitos, Mapá, seguramente,

el mes próximo les cortan la electricidad.


Chamaquili en el centro de La Gran Manzana

No acabo de comprender

por qué esto es la Gran Manzana.

Ni la forma ni el sabor

ni el olor… Alguien me engaña.

Si quieren nombre de fruta

para el centro de Manhattan

le deberían poner

entonces… ¡la Gran Guanábana!

Miren bien. Los rascacielos

son espinas negras, blancas,

y los parques y las calles

son el resto de la cáscara.

Háganme caso, Mapá,

no digas la Gran Manzana.

Esto se debe llamar

¡Manhattan, la Gran Guanábana!

jul
26
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 26 julio 2018 a las 12:01 pm

Para los visitantes de mi cuarto: un aperitivo de uno de los próximos libros de Chamaquili. Chamaquili ya ha estado en Almería, en La Habana (dos veces), en el Oeste, y ahora visita la ciudad en Nueva York, acompañado por su inseparable Mapá. ¿Se imaginan las ilustraciones del gran Jorge Oliver para este libro?




Chamaquili y los rascacielos

 

 

–Mapá, ¿qué es un rascacielos?

–Esos edificios altos.

–¿Y por qué rascan el cielo?

¿Las nubes le están picando?

Y cuando empieza a llover,

¿es porque los edificios

de tanto rascar el cielo

le van abriendo orificios?

Y cuando empieza a nevar,

¿es porque los rascacielos

rascan las nubes heladas

y arrancan trozos de hielo?

¿Y quién los hizo, Mapá?

¿Un albañil alto-alto,

mil veces más que nosotros?

¿O una pila de albañiles

subidos unos en otros?

Mapá, ¿qué es un rascacielos?

¿Y al cielo por qué le pica?

¿Tiene alergia a los aviones?

¿La altura lo perjudica?

Mapá, ¿qué es un rascacielos?

–Chamaquili, ya lo sabes.

Esos edificios altos

que tocan las nubes suaves.

–Yo quiero, Mapá,

ser un rascacielos,

rascar las nubes,

controlar los vuelos,

mirar desde arriba

al que está en el suelo,

fabricar la nieve

(es decir, el hielo),

buscar a mi abuela,

hallar a mi abuelo,

hablar con los pájaros,

ponerte a ti pelo.

–Bueno, Chamaquili,

¿qué tiene que ver

con los rascacielos

mi cabeza, a ver?

Pues desde que soy

Chama-rascacielos

si miro pa’ abajo

solo veo suelo,

tejados y gorras,

paraguas y pelos,

menos tú, Mapá,

porque se ve al vuelo,

que estás, pobrecito,

calvuelo, calvuelo.

–”Calvuelo” no existe,

te lo has inventado.

–¡Como que no existe!

Esto es demasiado.

Si es un rascacielo

el que rasca el cielo,

un calvo que al vuelo

se ve desde arriba

eso es un “calvuelo”,

sin alternativa.

Y otro Chamaquili

qué pasó a su lado

preguntó a su madre

bastante asombrado:

–Mamá, ¿qué es un calvuelo?

Y la madre respondió:

–Un calvo que mira al cielo.

Y se partieron de risa

el Chama y los rascacielos.


Chamaquili en Time Square

Cuántas luces de colores.

Cuántas luminosidad.

Cuántos focos y bombillas.

Cuánta luz, qué claridad.

Pobrecitos, Mapá, seguramente,

el mes próximo les cortan la electricidad.


Chamaquili en el centro de La Gran Manzana

No acabo de comprender

por qué esto es la Gran Manzana.

Ni la forma ni el sabor

ni el olor… Alguien me engaña.

Si quieren nombre de fruta

para el centro de Manhattan

le deberían poner

entonces… ¡la Gran Guanábana!

Miren bien. Los rascacielos

son espinas negras, blancas,

y los parques y las calles

son el resto de la cáscara.

Háganme caso, Mapá,

no digas la Gran Manzana.

Esto se debe llamar

¡Manhattan, la Gran Guanábana!

jul
24
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 24 julio 2018 a las 4:40 pm

En el año 2006, cuando cumplí 40 años, escribí un poemario autobiográfico formado por décimas y sonetos, con el título La crisis de los 40. Han pasado casi 12 años y sigue inédito. Este es uno de los poemaa que conforman el libro. Espero que lo disfruten. 


Yo, improvisando con mi hijo Alex Díaz Hernández,
en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.


 

Días de visita al médico

…y, lo que sería peor, hacerse poeta,

que, según dicen, es enfermedad

incurable y pegadiza…

Cervantes

¿Recuerdas, madre, los días

que íbamos al hospital

porque me sentaban mal

ciertas palabras? Decías

que era extraño, no entendías

cómo una palabra llana

sólo por llana era insana

causando un dolor agudo

o esdrújulo. Y nadie pudo

aclararlo. Una mañana

me atoré con un prefijo

y cuando me socorriste

solamente repetiste:

¡pero hijo!… ¡pero hijo!

Fuiste al médico y te dijo

que desde entonces me dieras

sólo palabras enteras,

de dos sílabas lo menos.

Consultaste a otros galenos

y de distintas maneras

todos dijeron lo mismo:

-Escoja cada palabra,

si tiene dudas no abra

la boca; mejor mutismo,

que el virus del silabismo

y la atrofia lexical.

Todos en el hospital

me llamaban El poeta.

El repentista-probeta.

Niño-lecto-escrito-oral.

Y tú, nerviosa, ¿recuerdas?

Escogías el arroz

primero y luego la voz

y los silencios, ¿te acuerdas?

Separabas como cuerdas

de un violín los adjetivos

neutros de los sustantivos

y estos de las conjunciones

y éstas de preposiciones

y éstas de demostrativos.

¿Recuerdas que los demás

niños temían quedarse

a mi lado y contagiarse

y no ser niños jamás?

No lo recuerdas, quizás,

pero yo sí lo recuerdo.

Y todavía me pierdo

algunas veces, me escondo

de los demás en el fondo

de mí mismo, o me hago el cuerdo

para que nadie se asuste

de esta enfermedad tan rara.

Tengo marcas en la cara

que dudo que a otros les guste:

marcas de mi desajuste

entre mudez y elocuencia.

Marcas de mi pertenencia

al club de la oralitura.

Marcas de sana locura,

de diabólica inocencia.

Y el último especialista

en dolencias infantiles

te habló de voces hostiles,

de llevarme a un exorcista.

Perdona, madre, que insista,

¿pero recuerdas el día

en que nadie te creía

que la fiebre que me daba

tan solo se me quitaba

leyéndome poesía?

Bueno, pues, sobreviví.

Ya voy a cumplir cuarenta

y aún la voz experimenta

grandes trastornos en mí.

Enfermo crónico, sí.

Crisis de sana locura.

Crisis de literatura.

Crisis de locuacidad.

Sí, madre, esta enfermedad

creo que no tiene cura.

____________________________________________-
Alexis Díaz-Pimienta (La Habana, Cuba, 1996). Escritor y repentista. Ha publicado hasta 2018 un total de 39 libros en diferentes géneros: novela, relatos, poesía, ensayo, literatura infantil y juvenil. Su obra ha sido traducida a varios idiomas (inglés, francés, alemán, italiano, árabe, búlgaro, finés, portugués, japonés y farsi), en antologías y revistas. Ha obtenido prestigiosos premios nacionales internacionales en Cuba, México y España (7 de poesía, 3 de novela, 4 de relatos y 4 de literatura infantil y juvenil). Su último libro publicado en España es El deseo sexual de las estatuas” (poesía, Huerga y Fierro, Madrid, 2018).

jul
24
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 24 julio 2018 a las 4:40 pm

En el año 2006, cuando cumplí 40 años, escribí un poemario autobiográfico formado por décimas y sonetos, con el título La crisis de los 40. Han pasado casi 12 años y sigue inédito. Este es uno de los poemaa que conforman el libro. Espero que lo disfruten. 


Yo, improvisando con mi hijo Alex Díaz Hernández,
en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.


 

Días de visita al médico

…y, lo que sería peor, hacerse poeta,

que, según dicen, es enfermedad

incurable y pegadiza…

Cervantes

¿Recuerdas, madre, los días

que íbamos al hospital

porque me sentaban mal

ciertas palabras? Decías

que era extraño, no entendías

cómo una palabra llana

sólo por llana era insana

causando un dolor agudo

o esdrújulo. Y nadie pudo

aclararlo. Una mañana

me atoré con un prefijo

y cuando me socorriste

solamente repetiste:

¡pero hijo!… ¡pero hijo!

Fuiste al médico y te dijo

que desde entonces me dieras

sólo palabras enteras,

de dos sílabas lo menos.

Consultaste a otros galenos

y de distintas maneras

todos dijeron lo mismo:

-Escoja cada palabra,

si tiene dudas no abra

la boca; mejor mutismo,

que el virus del silabismo

y la atrofia lexical.

Todos en el hospital

me llamaban El poeta.

El repentista-probeta.

Niño-lecto-escrito-oral.

Y tú, nerviosa, ¿recuerdas?

Escogías el arroz

primero y luego la voz

y los silencios, ¿te acuerdas?

Separabas como cuerdas

de un violín los adjetivos

neutros de los sustantivos

y estos de las conjunciones

y éstas de preposiciones

y éstas de demostrativos.

¿Recuerdas que los demás

niños temían quedarse

a mi lado y contagiarse

y no ser niños jamás?

No lo recuerdas, quizás,

pero yo sí lo recuerdo.

Y todavía me pierdo

algunas veces, me escondo

de los demás en el fondo

de mí mismo, o me hago el cuerdo

para que nadie se asuste

de esta enfermedad tan rara.

Tengo marcas en la cara

que dudo que a otros les guste:

marcas de mi desajuste

entre mudez y elocuencia.

Marcas de mi pertenencia

al club de la oralitura.

Marcas de sana locura,

de diabólica inocencia.

Y el último especialista

en dolencias infantiles

te habló de voces hostiles,

de llevarme a un exorcista.

Perdona, madre, que insista,

¿pero recuerdas el día

en que nadie te creía

que la fiebre que me daba

tan solo se me quitaba

leyéndome poesía?

Bueno, pues, sobreviví.

Ya voy a cumplir cuarenta

y aún la voz experimenta

grandes trastornos en mí.

Enfermo crónico, sí.

Crisis de sana locura.

Crisis de literatura.

Crisis de locuacidad.

Sí, madre, esta enfermedad

creo que no tiene cura.

____________________________________________-
Alexis Díaz-Pimienta (La Habana, Cuba, 1996). Escritor y repentista. Ha publicado hasta 2018 un total de 39 libros en diferentes géneros: novela, relatos, poesía, ensayo, literatura infantil y juvenil. Su obra ha sido traducida a varios idiomas (inglés, francés, alemán, italiano, árabe, búlgaro, finés, portugués, japonés y farsi), en antologías y revistas. Ha obtenido prestigiosos premios nacionales internacionales en Cuba, México y España (7 de poesía, 3 de novela, 4 de relatos y 4 de literatura infantil y juvenil). Su último libro publicado en España es El deseo sexual de las estatuas” (poesía, Huerga y Fierro, Madrid, 2018).

jul
20
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 20 julio 2018 a las 4:41 pm
Hoy la firma invitada al Blog de Oralitura es la profesora e investigadora italo-mexicana Caterina Camastra, quien estuvo recientemente de visita en Cuba y no pudo sustraerse a escribir en décimas (incluyendo una “octava cimarrona”) este canto de amor a su capital, La Habana. Las décimas se explican solas. ¡Bienvenida, Caterina! (Como siempre esperamos comentarios.)



Te quiero, La Habana (seis espinelas y una octava cimarrona)




Caterina Camastra en La Habana (selfie, cortesía de la autora)



Cómo te explico, La Habana,
La Habana, cómo te cuento,
no me alcanza el pensamiento
ni la palabra, tirana,
puede abarcar la mañana
entre las calles y el mar.
La Habana, cómo explicar
lo que a mí me significa
la estrofa se me complica
para este inmenso lugar. 


La Habana, poema urbano,
concierto de disonancias,
desaliñada elegancia,
pañuelo de encaje en mano,
porte altanero y ufano
de princesa tropical,
La Habana del vendaval
que barre el aire y las horas,
La Habana, antigua señora
que se mece en su portal.

La Habana del malecón,
La Habana calles adentro,
La Habana de fuga y centro
entre avenida y rincón,
La Habana en cada balcón
de aristocracia perdida
donde la ropa tendida
se inventa como pendón. 

La Habana con tu escondida
magia, con tus dioses
La Habana, tú, cuando coses
hechizos, eres lucida.

Yemayá fue mi amiga 
hubo algún otro que no,
hice enojar a Shangó
por despreciar su aguacero,
entonces estalló un trueno
cercano, y me estremeció.

Me dice “niña preciosa”
La Habana, con sus engaños,
a mis cuarenta y un años
qué risa me da la cosa.
La Habana, ciudad tramposa,
tú y yo sabemos por qué,
mas si “niña” escucharé
de cada guapo que veo,
miénteme, que yo te creo
y ya no me quejaré. 

Mil y un kilómetro andados,
la mejor dieta: La Habana,
que si eres vegetariana
te lo pone complicado.
Aquí sí que he adelgazado
y ahora debo partir
justo cuando iba a lucir
delgada como un estambre,
aunque me muera de hambre
no me quiero despedir.

La Habana, llevo conmigo
innumerables cafés,
un beso que no acepté,
libros (mis mudos testigos)
los versos de mis amigos,
la luna por la ventana,
el sol de cada mañana,
las caminatas costeras.
Yo no sé si tú me quieras,
mas yo te quiero, La Habana.

jul
20
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 20 julio 2018 a las 4:41 pm
Hoy la firma invitada al Blog de Oralitura es la profesora e investigadora italo-mexicana Caterina Camastra, quien estuvo recientemente de visita en Cuba y no pudo sustraerse a escribir en décimas (incluyendo una “octava cimarrona”) este canto de amor a su capital, La Habana. Las décimas se explican solas. ¡Bienvenida, Caterina! (Como siempre esperamos comentarios.)



Te quiero, La Habana (seis espinelas y una octava cimarrona)




Caterina Camastra en La Habana (selfie, cortesía de la autora)



Cómo te explico, La Habana,
La Habana, cómo te cuento,
no me alcanza el pensamiento
ni la palabra, tirana,
puede abarcar la mañana
entre las calles y el mar.
La Habana, cómo explicar
lo que a mí me significa
la estrofa se me complica
para este inmenso lugar. 


La Habana, poema urbano,
concierto de disonancias,
desaliñada elegancia,
pañuelo de encaje en mano,
porte altanero y ufano
de princesa tropical,
La Habana del vendaval
que barre el aire y las horas,
La Habana, antigua señora
que se mece en su portal.

La Habana del malecón,
La Habana calles adentro,
La Habana de fuga y centro
entre avenida y rincón,
La Habana en cada balcón
de aristocracia perdida
donde la ropa tendida
se inventa como pendón. 

La Habana con tu escondida
magia, con tus dioses
La Habana, tú, cuando coses
hechizos, eres lucida.

Yemayá fue mi amiga 
hubo algún otro que no,
hice enojar a Shangó
por despreciar su aguacero,
entonces estalló un trueno
cercano, y me estremeció.

Me dice “niña preciosa”
La Habana, con sus engaños,
a mis cuarenta y un años
qué risa me da la cosa.
La Habana, ciudad tramposa,
tú y yo sabemos por qué,
mas si “niña” escucharé
de cada guapo que veo,
miénteme, que yo te creo
y ya no me quejaré. 

Mil y un kilómetro andados,
la mejor dieta: La Habana,
que si eres vegetariana
te lo pone complicado.
Aquí sí que he adelgazado
y ahora debo partir
justo cuando iba a lucir
delgada como un estambre,
aunque me muera de hambre
no me quiero despedir.

La Habana, llevo conmigo
innumerables cafés,
un beso que no acepté,
libros (mis mudos testigos)
los versos de mis amigos,
la luna por la ventana,
el sol de cada mañana,
las caminatas costeras.
Yo no sé si tú me quieras,
mas yo te quiero, La Habana.

jul
20
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 20 julio 2018 a las 9:18 am
por Alexis Díaz-Pimienta



La experimentación formal con la estructura de la décima escrita, ha sido, a lo largo de mi vida literaria, una preocupación constante, a la vez un reto y un camino alternativo. Yo, procedente del repentismo tradicional, acostumbrado a ver la décima como esa “cajita” perfecta con medidas 10×8, tan redonda en su cuadratura textual y en la forma de su canto, cuando comencé mis andanzas como escritor, no como improvisador, supe desde el principio que tenía que soltar esas amarras.

Tenía entonces yo 16 o 17 años, y bebía tanto de la fuente de improvisación como de la lectura de poesía contemporánea (sobre todo, de los poetas que eran premiados en el concurso Casa de las Américas). Fue en estos libros (Toño Cisneros, Armando Tejada Gómez, Fernando Lamberg, Omar Lara, Jorge Bocannera, Wichy Nogueras o Reina María Rodríguez) en los que descubrí, y quedé deslumbrado, las aventuras tipográficas y formales de la poesía escrita contemponánea, vanguardista y post-vanguardista, actualísima entonces. En ellos describí nuevas posibilidades expresivas del poema en verso libre (prescindir de signos de puntuación, prescindir de mayúsculas, usar los espacios como signos de puntuación al igual de las cesuras versales, y de paso los rejuegos intertextuales y los registros polisémicos del verso: tan ajenos a la décima oral y su cuasi obligatoria decodificación inmediata). Todo esto, que estaba naturalizado y legitimado en la poesía contemporánea en español, no era, por supuesto, nada común en la décima escrita en Cuba, mucho menos en la oral.

En la décima oral era imposible hacerlo (la mayoría eran aportaciones gráficas, tipográficas, visuales), pero en la décima escrita, en la que existe desde hace casi un siglo la tradición (poco estudiada, por cierto, a penas tomada en cuenta por la crítica) de la edición de “decimarios”, es decir, poemarios escritos íntegramente en décimas,  tampoco era común este tipo de aventuras formales. Ni en la obra de los grandes maestros de la estrofa (el Cucalambé, Agustín Acosta, el Indio Naborí, Francisco Riverón), ni en la obra de los decimistas en activo en los años 80.

Las mayores aventuras formales que yo recuerde, como un acercamiento real al concepto de poesía visual (con referentes que van desde Baudelaire hasta Joan Brossa), fue un libro de décimas de Bernardo Cárdenas Ríos (un repentista) en el que el poeta dibujaba con las letras la figura a la que dedicaba cada poemas: una casa, un árbol, un perro, etc. 

Sin duda, el primer libro que se atrevió a romper el molde gráfico de la décima escrita, más allá de este ejercicio pictórico-mecanográfico, y que constituyó un auténtico parteaguas en el movimiento decimista insular (el escrito, no el oral-improvisado) fue Alrededor del punto, del poeta Adolfo Martí Fuentes. Para mí este fue el decimario más inteligente de su época y, sin miedo a decirlo, de la historia de la décima escrita en Cuba, el equivalente al Azul de Darío para la poesía española, o al Ulises de Joyce para la narrativa del siglo XX. Un libro que cambió definitiva y drásticamente la forma de acercarse a la décima escrita (o mejor, a la escritura de décimas).

Fue este libro, junto con las lecturas de aquellos poetas contemporáneos que llegaban a mis manos juveniles (manos que ya habían paseado por los libros de César Vallejo: la vanguardia mayor), los que espolearon mi curiosidad y pusieron en mis manos un abanico amplísimo de posibilidad formales para la estrofa que cultivaba desde niño. en ellos descubrí, deslumbrado, que la décima podía escapar de su “prisión estrecha” (Raúl Ferrer dixit). Y me puse manos a la obra, todo entusiasmo. Separé perfectamente la décima oral (cantada, improvisada, o escrita para ser cantada) de la décima escrita. Supe y acepté que eran, o más bien podían ser, estrofas de distintos registros, intereses y destinatarios.
Y desde entonces, no he dejado de experimentar. En mis decimarios (cuatro publicados, casi diez inéditos) encontrarán de todo: décimas bilingües, décimas con pie de página, décima con versos endecasílabos y alejandrinos, hexasílabos, tetrasílabos, etc; décimas sumamente encabalgadas, décimas en prosa, décimas encadenadas, décimas con estructura musical o teatral, décimas llenas de citas intertextuales, décimas de corte periodístico, leguleyo, dramático, y mucho más. Es decir, todo esto que ahora (2018) es tan normal en el decimismo escrito en Cuba, sobre todo en los poetas de mi generación (finales de los 90) y en los más jóvenes, yo comencé a incorporarlo a mis décimas escritas a mediados y finales de los años 80. Como resultado y prueba de ello, ahí está el tempranero decimario Robinson Crusoe vuelve a salvarse (Premio Cucalambé en 1993), co-escrito con David Mitrani y considerado por alguno críticos como el libro pionero en este movimiento de neo-decimismo.

Ya en aquel primero libro publiqué poemas en décimas que, por primera vez, carecían de mayúsculas y signos de puntuación, por ejemplo. Décimas que jugaban con el intertexto, el hipertexto y hasta el paratexto. En fin, este libro fue el inicio de un camino experimental en el que no me detenido aún: la búsqueda de nuevas posibilidades expresivas para una estrofa que llevaba siglos encerrada en su perfecta cajita de 10 x 8. (De ahí que uno de mis decimarios se titule Galería 10 x 8).

Pues bien, este largo introito ha sido necesario, porque hoy quiero compartir con ustedes una de mis primeras aventuras formales con la décima, y quizá la más atrevida. La décima-hilo titulada Teseo, que se publicó primero en Robinson Crusoe vuelve a salvarse (Sanlope, Las Tunas, 1993) y luego en La sexta cara del dado (Colección San Borondón, Canarias, 1997). Es un experimento formal que se explica solo y que bebe de las fuentes primigenias de la poesía visual.

Espero disfruten y comenten.


TESEO



              e

              s

              t

              a


              d

              é

              c

              i

              m

              a


              e

              s


              u

              n


              h

              i

              l

              o

 

              y


              e

              l


              M

              i

              n

              o

              t

              a

              u

              r

              o


              l

              o


              s

              a

              b

              e


              r

              e

              g

              r

              e

              s

              a

              r

              é


              n

              o


              h

              a

              b

              r

              á


              l

              l

              a

              v

              e


              q

              u

              e


              m

              e


              d

              é

             

              f

              o

              r

              z

              o                

              s

              o


              a

              s

              i

              l

              o


              c

              r

              i

              p

              t

              a


              l

              a

              b

              e

              r

              i

              n

              t

              o


              s

              i

              l

              o


              d

                    e

                          r

                                e

                                      c

                                            h

                                                  a

                                            i

                                       z

                                 q

                           u

                     i

              e

        r

  d

a

        d

              e

                    r

                          e

                                c

                                      h

                                            a


                                            a

                                            l

                                            g

                                            u

                                            n

                                            a

 

                                            a

                                            m

                                            b

                                            i

                                            d

                                            e

                                            x

                                            t

                                            r

                                            a

                                            f

                                            l

                                            e

                                            c

                                            h

                                            a


                                            q

                                            u

                                            e


                                            A

                                            r

                                            i

                                            a

                                            d

                                            n

                                            a


                                            n

                                            o

 

                                            s

                                            o

                                            s

                                            p

                                            e

                                            c

                                            h

                                            ó


                                            n

                                            i


                                            e

                                            l


                                            M

                                            i

                                            n

                                            o

                                            t

                                            a

                                            u

                                            r

                                            o


                                            n

                                            i


                                            y

                                            o

                          la trampa estaba mal hecha