"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

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ADIÓS A SÁNCHEZ MARÍN, TROVERO Y AMIGO

Publicado por Alexis Díaz Pimienta el 11 diciembre 2011 a las 11:13 am


Otra vez, con tristeza, posteamos comentarios y versos en recuerdo de un improvisador fallecido. Esta vez, Antonio Sánchez Marín, trovero cartagenero (Murcia), compañero de muchas aventuras repentísticas.








Qué pena, qué desagrabable sorpresa la muerte de Antonio. He estado mucho tiempo sin verlo, y solo por rumores supe que estaba enfermo, aunque no sabía cuan grave era su dolencia. No lo vi enfermo, y en cierta medida esto me consuela, porque su imagen última, la que guardo en la memoria, es la del trovero activo que fue, el buen amigo y gran defensor del trovo que todos conocimos, vital y dinámico, incansable. Hermosísimas e intensas las décimas de Papillo (esa segunda décima es antológica). Desde Almería mando un abrazo de pésame y consuelo (que no hay) a todos sus familiares y amigos. 
Es increíble cómo el paso del tiempo te va obligando a poner los pies sobre la tierra, y a ser consciente, una vez más, de lo efímero que somos. Y no sé por qué, aunque la Muerte es ella y una sola, cada vez que muere un improvisador me asalta una desolación profunda, sincera hasta las lágrimas. No exagero cuando digo que me estremece la muerte de un repentista conocido tanto como la de un familiar, un pariente. Ya me pasó, en Cuba, con Wicho Vasallo, Bernardo Cárdenas, Chanchito Pereira, Gerardo Inda, Naborí, los hermanos García y muchos otros; y me ha pasado en España, recientemente, con el Patiñero, con Candiota, y ahora con Sánchez Marín. Es como si hubiera muerto alguien "de casa", y el sentimiento de orfandad e impotencia se repite. Sánchez Marín no era solo trovero, era lo que en Cuba llamamos un "promotor cultural" natural, intuitivo. Y un hombre abierto a la curiosidad continua, explorador osado de nuevos caminos para el arte (de ahí sus piezas de cerámica con versos, o sus incursiones en otras formas repentistas). Lo recuerdo, vital y creativo, en Cartagena, en Cuba, en Calabria (sur de Italia), en Canarias, en Villanueva de Tapia, en Casablanca (Chile), en Almería, en Mallorca, en muchos otros sitios donde dejó su huella trovera, y, sobre todo, esa tan personal manera de interpretar las décimas, sus guajiras, porque el cante de Marín por guajiras es una de las más intensas y emocionantes manifestaciones del trovo en la región de Murcia. Yo, guajiro, cubano, cada vez que le escuchaba una décima cantada por guajira a Sánchez Marín, me transportaba a Cuba y recibía, en la inmediatez del trovo, una lección de historia y antropología: la prueba definitiva de lo que llamamos "cante de ida y vuelta": en el reino del trovo quintillero, la décima se alzaba, señorial, llena de melismas y con deje aflamencado.
En fin, mucho le hemos cantado los improvisadores a la muerte, el tema elegíaco es, sin duda, uno de nuestros fortines creativos. Yo no voy a improvisar, ahora, unas décimas de duelo para Sánchez Marín, prefiero compartir con él, con sus parientes, amigos, compañeros de trovo, es decir, con ustedes, unas décimas que escribí hace unos años sobre la muerte de todos los poetas. Y añado las décimas de Luis Paz, Papillo, y una quintilla de Joaquín Sánchez, el Palmesano.


Obituaro del poeta


A qué le teme el poeta
sino a su muerte temprana,
a faltar una mañana,
a ser rostro sin silueta.
Siempre es igual. Dios lo reta
y el poeta, un inocente
e inexperto delincuente
acepta el reto, y se ata.
Pero Dios es Dios, y mata
a un poeta diariamente.

A diario muere un poeta
(siete a la semana, al mes
treinta, o treinta y uno) y es
mi estadística discreta.
Si la queremos completa,
cualquier cómputo hace daño:
contando al febrero “extraño”,
y redondeando la cuenta,
más de trescientos sesenta
poetas mueren al año.

Pero a nadie le interesa
tener a un poeta en casa.
Al poeta se le pasa
el hambre cuando ve mesa.
Al que es poeta le pesa
su herencia de vaguedad.
Un poeta de verdad
reniega de sí, se ofende
cuando un lector compra o vende
su gratuita intimidad.

Todo poeta es suicida,
porque cada vez que escribe
cambia el silencio en que vive
por la palabra sin vida.
Y también es homicida,
porque cada vez que trata
de ser él mismo retrata
a sus futuros lectores,
y a muchos con sus dolores
metafóricos los mata.

Yo quería ser poeta
y ahora quiero ser plomero,
o albañil, o carpintero,
o maestro en bicicleta.
Yo quería ser poeta
(Lorca, Neruda, Vallejo...)
y soy tan solo el reflejo
de que sobrevivo mal:
soy el resumen mensual
de un adolescente viejo.

                                   De Alexis Díaz Pimienta


Elegía por Antonio Sánchez Marín.

Partes Marín a un jamás
de irrevocable argumento.
¡Qué aguante de sufrimiento
por quedarte un poco más!
Sé que ya no sufrirás,
allá, en la mansión más alta,
pero la pena me asalta
y a sorbos de sombras bebo
el abrazo que te debo
y el amigo que me falta.

La última vez que en tu mano
se me apretó la amistad
ya tú eras más voluntad
de vivir que ser humano.
Me asustó el final cercano
y te pedí que lucharas,
aunque ante las penas caras
que saltaban a la vista
me resultaba egoísta
pedirte que te quedaras.

En realidad no te fuiste,
disfruto tu compañía,
está intacta la alegría
con la que siempre viviste.
Cada abrazo que me diste
me dejó un poco de ti,
y sigues viviendo así
en la esencia de un saludo
porque la muerte no pudo
matarte dentro de mí.

Descansa en paz, compañero.
El gremio de los poetas
te irá poniendo violetas
en un perenne florero.
Duerme el silencio agorero
que el último adiós reparte.
Acurrúcate en el arte
donde no desapareces
y discúlpanos las veces
que iremos a despertarte.

                                     De Luis Paz, "Papillo" 

Se abrió en el trovo otra grieta
perdiendo un gran paladín
de buen verso y alma inquieta:
Antonio Sánchez Marín,
trovero, amigo y poeta.


                          De Joaquín Sánchez, el Palmesano.
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