"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

abr
03
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 3 abril 2019 a las 2:00 pm

La Habana. 10 de febrero.
Viento. Marejadas. Frío.
Aire envasado al vacío
Y con acento extranjero.
Aire del norte, viajero
Que llega sin pasaporte
Y pasa sin que le importe
Ni a inmigración ni a la aduana.
Es lo único que en La Habana
Llega sin líos del norte.

Me viene ahora a la cabeza
Una palabra: “enguatada”,
Palabra ya poco usada,
Tan poco como la pieza
Que representa. Tristeza
De camiseta interior
Con mangas largas. Calor
Me da de solo pensarla.
“Enguatada”. Por no usarla
me hice a la fuerza mayor.

Cuando hay un norte la gente
Cambia, actúa de otra forma.
El viento frío transforma
su carácter. De repente
La vieja sorda de enfrente
Lo oye todo a la primera.
El viejo con guayabera
Que no habla con nadie, canta.
Y actúa como una santa
La que ayer fue jinetera.

El vendedor de maní
Cambia el tono del pregón.
Y el chófer de un almendron
Cita, de pronto, a Martí.
El mar grita. Un colibrí
Va marcha atrás en el viento.
Un joven le da el asiento
A otra joven. Y una vieja
Está buscando pareja
Para “entrar en movimiento”.

Yo no. Yo no cambio. Estoy
Igual que ayer, escribiendo.
Viéndolo todo y fingiendo
Ser y estar ajeno. Hoy
Al desayuno le doy
Un toque de reportaje.
Qué cabizbajo el paisaje.
Qué gris comedia silente.
Tomo un café tan caliente
Que se me quema el lenguaje.

En el pan de la bodega
Unto aceite con preguntas
Que me llegan todas juntas
Y ni una respuesta llega.
Me gusta este pan. No juega
En la big league del pan
Pero me gusta. Dirán
Que es una patología,
Una extravagancia mía,
Un elogio al anti-pan.

Dirán que he sido abducido
Por un ser monosilábico.
Que mi paladar estrábico
Que mi lengua sin sentido,
Que pobre yo, que he venido
Con atrofia digestiva.
Que si el cambio de saliva,
Que si el cerebro lavado,
Que si el pan me ha sobornado,
Que, bueno… Mejor que escriba.

Nuestro “pan de la bodega”
Es un héroe cotidiano
A la vez héroe y villano,
Dios y Marx, alfa y omega.
Últimamente, “se pega”
En los programas de humor.
Metáfora del sabor.
Redondez rectangular.
Pandemonium familiar.
Miedo panificador.

“Al pan pan y al vino vino”,
Dice un refrán popular.
“¡Los Pan Pan van a tocar!”,
Grita de pronto un vecino
Buen bailador de casino
Con una enguatada puesta.
De pronto se arma una fiesta
Y todos bailan, qué raro.
Yo los miro y me declaro
Incapaz. Tremenda orquesta.

Tremenda coreografía
A la hora del desayuno.
Todos bailan y ninguno
Me mira. Ya lo intuía.
Saben que mi voz no es mía,
Qué soy un advenedizo.
Que tengo acento postizo.
Que finjo desayunar
Tan sólo para contar
Lo que veo sin permiso.

Los Pan Pan tocan. Yo escribo.
La gente baila. Yo bebo.
La gente puede. Yo debo.
Ellos viven. Yo no vivo.
Trampantojo paliativo.
Trampantojo matinal.
Trampantojo tropical.
Guiño de la lengua al ojo.
Qué palabra “trampantojo”.
Y yo, qué bien y qué mal.

Se me ha enfriado el café
y el pan se me ha puesto bueno.
“Por mirar el pan ajeno”,
Dice mi madre. Y lo sé.
Del “seremos como el Che”
Al “esta noche hago el pan”.
¿Y qué desayunarán
Los que ni música tienen?
Seguro que se entretienen
Pensando que leerán

Las décimas que Pimienta
Hace mientras desayuna.
No hay tanto frío. Ninguna
Persona se ha dado cuenta
De cómo se recalienta
Mi café, solo, en la taza.
O como el pan adelgaza
Sin que le de una mordida.
O cómo se nos olvida
La antigua palabra “hogaza”.

“Hogaza”, “harina”, “tahona”,
“levadura”, “pan”… Me pierdo.
Llega a mi olfato un recuerdo
Que la lengua me almidona.
Mi estómago no perdona
Este infortunio-fortuna.
Y mientras se desayuna
Un ejército de hormigas
Viene a recoger las migas
Pero no encuentra ninguna.



Alexis Díaz-Pimienta
Reparto Flores, La Habana, 
10 de febrero de 2019

abr
03
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 3 abril 2019 a las 2:00 pm

La Habana. 10 de febrero.
Viento. Marejadas. Frío.
Aire envasado al vacío
Y con acento extranjero.
Aire del norte, viajero
Que llega sin pasaporte
Y pasa sin que le importe
Ni a inmigración ni a la aduana.
Es lo único que en La Habana
Llega sin líos del norte.

Me viene ahora a la cabeza
Una palabra: “enguatada”,
Palabra ya poco usada,
Tan poco como la pieza
Que representa. Tristeza
De camiseta interior
Con mangas largas. Calor
Me da de solo pensarla.
“Enguatada”. Por no usarla
me hice a la fuerza mayor.

Cuando hay un norte la gente
Cambia, actúa de otra forma.
El viento frío transforma
su carácter. De repente
La vieja sorda de enfrente
Lo oye todo a la primera.
El viejo con guayabera
Que no habla con nadie, canta.
Y actúa como una santa
La que ayer fue jinetera.

El vendedor de maní
Cambia el tono del pregón.
Y el chófer de un almendron
Cita, de pronto, a Martí.
El mar grita. Un colibrí
Va marcha atrás en el viento.
Un joven le da el asiento
A otra joven. Y una vieja
Está buscando pareja
Para “entrar en movimiento”.

Yo no. Yo no cambio. Estoy
Igual que ayer, escribiendo.
Viéndolo todo y fingiendo
Ser y estar ajeno. Hoy
Al desayuno le doy
Un toque de reportaje.
Qué cabizbajo el paisaje.
Qué gris comedia silente.
Tomo un café tan caliente
Que se me quema el lenguaje.

En el pan de la bodega
Unto aceite con preguntas
Que me llegan todas juntas
Y ni una respuesta llega.
Me gusta este pan. No juega
En la big league del pan
Pero me gusta. Dirán
Que es una patología,
Una extravagancia mía,
Un elogio al anti-pan.

Dirán que he sido abducido
Por un ser monosilábico.
Que mi paladar estrábico
Que mi lengua sin sentido,
Que pobre yo, que he venido
Con atrofia digestiva.
Que si el cambio de saliva,
Que si el cerebro lavado,
Que si el pan me ha sobornado,
Que, bueno… Mejor que escriba.

Nuestro “pan de la bodega”
Es un héroe cotidiano
A la vez héroe y villano,
Dios y Marx, alfa y omega.
Últimamente, “se pega”
En los programas de humor.
Metáfora del sabor.
Redondez rectangular.
Pandemonium familiar.
Miedo panificador.

“Al pan pan y al vino vino”,
Dice un refrán popular.
“¡Los Pan Pan van a tocar!”,
Grita de pronto un vecino
Buen bailador de casino
Con una enguatada puesta.
De pronto se arma una fiesta
Y todos bailan, qué raro.
Yo los miro y me declaro
Incapaz. Tremenda orquesta.

Tremenda coreografía
A la hora del desayuno.
Todos bailan y ninguno
Me mira. Ya lo intuía.
Saben que mi voz no es mía,
Qué soy un advenedizo.
Que tengo acento postizo.
Que finjo desayunar
Tan sólo para contar
Lo que veo sin permiso.

Los Pan Pan tocan. Yo escribo.
La gente baila. Yo bebo.
La gente puede. Yo debo.
Ellos viven. Yo no vivo.
Trampantojo paliativo.
Trampantojo matinal.
Trampantojo tropical.
Guiño de la lengua al ojo.
Qué palabra “trampantojo”.
Y yo, qué bien y qué mal.

Se me ha enfriado el café
y el pan se me ha puesto bueno.
“Por mirar el pan ajeno”,
Dice mi madre. Y lo sé.
Del “seremos como el Che”
Al “esta noche hago el pan”.
¿Y qué desayunarán
Los que ni música tienen?
Seguro que se entretienen
Pensando que leerán

Las décimas que Pimienta
Hace mientras desayuna.
No hay tanto frío. Ninguna
Persona se ha dado cuenta
De cómo se recalienta
Mi café, solo, en la taza.
O como el pan adelgaza
Sin que le de una mordida.
O cómo se nos olvida
La antigua palabra “hogaza”.

“Hogaza”, “harina”, “tahona”,
“levadura”, “pan”… Me pierdo.
Llega a mi olfato un recuerdo
Que la lengua me almidona.
Mi estómago no perdona
Este infortunio-fortuna.
Y mientras se desayuna
Un ejército de hormigas
Viene a recoger las migas
Pero no encuentra ninguna.



Alexis Díaz-Pimienta
Reparto Flores, La Habana, 
10 de febrero de 2019

abr
03
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 3 abril 2019 a las 1:53 pm



Las trampas del huso horario
son muchas. Y complicadas.
Divorcio con las almohadas,
ojeras como pan diario.
Un insomnio innecesario,
forzoso, de mala fe.
El reloj encoge el pie
largo y alarga el pequeño.
A las ocho tuve sueño
y las cinco desperté.

Pareces medio aburrido,
bostezando todo el día.
Tienes la mente vacía
y el cuerpo semidormido.
“Que volá” con un oído
y con el otro, “qué hacéis”.
Cara de sueño a las seis
y a las seis espabilado.
El vizconde demediado
de Calvino entrando al Face.

Cara de sueño a las seis
y a las seis ultradespierto.
El cerebro en tiempo muerto
y ojeras de color beis.
Ateo con agnusdéis,
zurdo sentado a la diestra.
Una situación siniestra
de bifurcación mental.
Jekyll and Hyde tropical.
“Yo, Jano”. Qué obra maestra.

Sin embargo, a mí “jet lag”
como palabra me encanta.
Me relaja la garganta
pronunciarla. Ando en zigzag
pero me salva el airbag
de mi propia obstinación.
Las nueve horas de avión
no ganarán la partida.
La parte del yo dormida
es sonámbula. Y su unión

con mi otra parte despierta
es perfecta, es envidiable.
La insomne deja que hable
la dormida. Tienen cierta
sincronía que concierta
voces, pausas, movimientos.
Algunos salen más lentos
(los de la parte sonámbula).
pero… mi parte noctámbula
es la mejor en los cuentos

mientras la parte despierta
es para la poesía.
Me encanta esta sincronía
de voz viva y lengua muerta.
El jet lag abre una puerta
que antes estaba cerrada.
Vuelves a la madrugada.
Al silencio. A los ronquidos
del vecino, a esos sonidos
que son todo y eran nada.

¿Descompensación horaria?
¿Síndrome transoceánico?
¿No será silencio orgánico,
paz interior necesaria?
No veo esta insomnia diaria
como un patrón patológico.
Me parece incluso lógico
este suave desgobierno
ya sea el reloj interno
o digital o analógico.

Me encantan las impresiones
que me provoca el jet lag.
Mi vida parece un gag
de cine en tres dimensiones.
Me gustan sus proporciones,
su dislocación profana.
Por lo menos en La Habana
aunque los demás adjuren,
yo no quiero que me curen
la “disritmia circadiana”.

¿Desequilibrio? No importa
Ya era un desequilibrado.
¿Fatiga? Hasta fatigado
hago versos, se soporta.
Además, el sol me aporta
dosis de melatonina
y el cariño es la insulina
que equilibra mi glicemia.
La Habana, incluso, me premia,
si el jet lag no se termina.

¿Disnomnia? ¿Deformación
de lo que espacio-temporal?
Si hago décimas, da igual.
Mientras haya inspiración
el jet es invitación
y el lag es un vicio sano.
Ciclo y ritmo circadiano
se tornan otro aliciente
para que tenga la mente
creando desde temprano.

Jet lag en mi vieja Habana.
Jet lag, tiempo trastocado.
¿Desayunar es pecado
a esta hora de “la mañana”?
Ya para mi parte hispana
tocan meriendas o almuerzos
Haré pequeños esfuerzos,
caprichos de rara avis.
Me tomaré un piscolabis,
Un tentempié de diez versos.

Buenos días, madrugada.
Buenas noches, mediodía.
La Habana está todavía
con la cabeza en la almohada.
No es hora de mi tostada.
No es hora de mi café.
Por la ventana se ve
Un cielo en dos dividido.
Hay medio Alexis dormido
y medio Alexis de pie.



Alexis Díaz-Pimienta,
Reparto Flores, La Habana,
11 de febrero de 2019
abr
03
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 3 abril 2019 a las 1:53 pm



Las trampas del huso horario
son muchas. Y complicadas.
Divorcio con las almohadas,
ojeras como pan diario.
Un insomnio innecesario,
forzoso, de mala fe.
El reloj encoge el pie
largo y alarga el pequeño.
A las ocho tuve sueño
y las cinco desperté.

Pareces medio aburrido,
bostezando todo el día.
Tienes la mente vacía
y el cuerpo semidormido.
“Que volá” con un oído
y con el otro, “qué hacéis”.
Cara de sueño a las seis
y a las seis espabilado.
El vizconde demediado
de Calvino entrando al Face.

Cara de sueño a las seis
y a las seis ultradespierto.
El cerebro en tiempo muerto
y ojeras de color beis.
Ateo con agnusdéis,
zurdo sentado a la diestra.
Una situación siniestra
de bifurcación mental.
Jekyll and Hyde tropical.
“Yo, Jano”. Qué obra maestra.

Sin embargo, a mí “jet lag”
como palabra me encanta.
Me relaja la garganta
pronunciarla. Ando en zigzag
pero me salva el airbag
de mi propia obstinación.
Las nueve horas de avión
no ganarán la partida.
La parte del yo dormida
es sonámbula. Y su unión

con mi otra parte despierta
es perfecta, es envidiable.
La insomne deja que hable
la dormida. Tienen cierta
sincronía que concierta
voces, pausas, movimientos.
Algunos salen más lentos
(los de la parte sonámbula).
pero… mi parte noctámbula
es la mejor en los cuentos

mientras la parte despierta
es para la poesía.
Me encanta esta sincronía
de voz viva y lengua muerta.
El jet lag abre una puerta
que antes estaba cerrada.
Vuelves a la madrugada.
Al silencio. A los ronquidos
del vecino, a esos sonidos
que son todo y eran nada.

¿Descompensación horaria?
¿Síndrome transoceánico?
¿No será silencio orgánico,
paz interior necesaria?
No veo esta insomnia diaria
como un patrón patológico.
Me parece incluso lógico
este suave desgobierno
ya sea el reloj interno
o digital o analógico.

Me encantan las impresiones
que me provoca el jet lag.
Mi vida parece un gag
de cine en tres dimensiones.
Me gustan sus proporciones,
su dislocación profana.
Por lo menos en La Habana
aunque los demás adjuren,
yo no quiero que me curen
la “disritmia circadiana”.

¿Desequilibrio? No importa
Ya era un desequilibrado.
¿Fatiga? Hasta fatigado
hago versos, se soporta.
Además, el sol me aporta
dosis de melatonina
y el cariño es la insulina
que equilibra mi glicemia.
La Habana, incluso, me premia,
si el jet lag no se termina.

¿Disnomnia? ¿Deformación
de lo que espacio-temporal?
Si hago décimas, da igual.
Mientras haya inspiración
el jet es invitación
y el lag es un vicio sano.
Ciclo y ritmo circadiano
se tornan otro aliciente
para que tenga la mente
creando desde temprano.

Jet lag en mi vieja Habana.
Jet lag, tiempo trastocado.
¿Desayunar es pecado
a esta hora de “la mañana”?
Ya para mi parte hispana
tocan meriendas o almuerzos
Haré pequeños esfuerzos,
caprichos de rara avis.
Me tomaré un piscolabis,
Un tentempié de diez versos.

Buenos días, madrugada.
Buenas noches, mediodía.
La Habana está todavía
con la cabeza en la almohada.
No es hora de mi tostada.
No es hora de mi café.
Por la ventana se ve
Un cielo en dos dividido.
Hay medio Alexis dormido
y medio Alexis de pie.



Alexis Díaz-Pimienta,
Reparto Flores, La Habana,
11 de febrero de 2019
abr
03
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 3 abril 2019 a las 1:28 pm
para Pedro Poitevin y Sara


Buenos días desde Boston,

comienzo a desayunar

y advierto (para rimar)

que es en marzo, no en “agoston”,

porque las rimas en “-oston”

no existen en español.

Hay 1 grado. Hay poco sol.

Boston vuelve a recibirme

invernal, para decirme,

“Well, I hope you like it all”.

Me gusta Marblehead, sí.

Me gusta su olor a invierno.

Debe ser el sempiterno

Marco Polo que hay en mí.

Llegué anoche y ya preví

que el jet lag me despertara,

que el sol de pronto me echara

cálidos chorros de luz

sobre el insomnio andaluz

que se me quedó en la cara.

Estoy en Marblehead, solo.

En casa de Poitevin.

Regreso a Boston (por fin),

ciudad que medio controlo.

Voy a ver cómo extrapolo

experiencias anteriores

para interpretar sabores,

sonidos, textos, texturas.

Esto de las aventuras

tiene sus riesgos, señores.

Al estar en casa ajena

desayunar me acoquina.

No controlo esta cocina,

me habla en inglés la alacena.

Quedan restos de la cena

(queso, pan, salami, vino)

pero el pobre peregrino

tiene sus gastro-querencias,

culinarias apetencias

y Pedro no es adivino.

Veo mantequilla y pan.

La máquina del café.

Un termo para hacer té.

Frutas que hablan: “Eat me, man”.

¿Los cereales dónde están?,

me pregunto yo que en casa

ni los miro. Qué me pasa.

¿El síndrome del viajero

que a todo le pone un pero

por su obsesión antigrasa?

Pienso: “mientras desayune

voy a ponerme a escribir

mis crónicas y a decir

qué me aleja y qué me une

a Boston”. ¿Cronista impune?

¿O en lugar de ser cronista

el viajero repentista

sin pensarlo, sin ponerse,

está jugando a volverse

fotógrafo decimista?

Por fin, corto pan, lo unto

con mantequilla y rebano

un salami (no es tan sano,

pero ya está). Me pregunto

si el breakfast es un asunto

poético o no lo es.

Pienso en Prevert y después

en Audrey y en los diamantes.

“Ya no somos los de antes,

Audrey, ya nadie lo es”.

¿Desayunar sin diamantes

sin Audrey y sin Nueva York

me hace menos escritor,

entro al gremio de farsantes?

No lo sé. En estos instantes

un gato bajo la mesa

jura que no le interesa

el cine y me roza el pie.

¿El gato querrá café?

¿Y si Audrey Hepburn regresa?

Y en esto se escucha un ruido,

un metálico “tin-tin”.

Me asomo y es Poitevin

que ha vuelto a la casa. Ha ido

a la school en cometido

paternal, con sus pequeños.

Mis anfitriones son dueños

de una rutina envidiable

que me hace sentir culpable,

torpe interruptor de sueños.

Anoche cuando llegué

Pedro y yo madru-charlamos.

Qué tertulia improvisamos

entre el jet lag y el de pie.

Llamé a Lope. Le avisé

a Prevert y a los Machado.

Ginsberg posó disfrazado

de Lorca y Lorca de Sting

mientras Pedro Poitevin

era Pascal inspirado.

Matemática y poemas.

sonetos y logaritmos.

acentos, sílabas, ritmos,

hemistiquios, teoremas,

triangulaciones, esquemas,

dos más dos, uno por uno,

Borges, Lombardi, Unamuno,

“tenemos que terminar

porque se van a juntar

la cena y el desayuno”.

 Y a las dos de la mañana

nos despedimos, felices.

Vaya mezcla de raíces:

Guatemala con La Habana

en la noche bostoniana

hablando de poesía.

Yo me acosté y presentía

que Sir Jet Lag, el muy tonto,

iba a despertarme pronto,

a primera hora del día.

Y aquí estamos. Poitevin

recién llegado a mi mesa

y yo como el que confiesa

“mejor entre dos”, come in.

Vuelve Vallejo al festín

de la charla mañanera.

Boston no entiende siquiera

lo que Trilce significa

mientras Poitevin me explica

que vuelva a la carretera.

Y yo digo: ¡qué oportuno

que hayas vuelto!, ¡menos mal!

Por poco le pongo sal

Al café del desayuno.

Sonreímos. Hoy ninguno

tiene otro plan que charlar

de poesía y viajar

a Framinghang¡ por la tarde.

Vaya dialéctico alarde

de ambos al desayunar.

Y así termino esta crónica

bostoniana (la primera).

El pan desde la encimera

mi mira con risa irónica.

Siento lejos una armónica.

“¿Dylan me está saludando?”

Pienso en Frost mientras (h)ablando

el pan y revuelvo el té.

Boston, ¿qué tal se me ve

cuando estoy desayunando?

“Poesía y matemáticas”,

qué bien empieza mi gira.

De pronto, el gato me tira

miradas aristocráticas,

insinuaciones erráticas

de gato contrabandista.

¡Mejor que calle el cronista

el diálogo improvisado

entre un poeta rimado

y un gato versolibrista!

Alexis Díaz-Pimienta
26 de marzo de 2019

abr
03
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 3 abril 2019 a las 1:28 pm
para Pedro Poitevin y Sara


Buenos días desde Boston,

comienzo a desayunar

y advierto (para rimar)

que es en marzo, no en “agoston”,

porque las rimas en “-oston”

no existen en español.

Hay 1 grado. Hay poco sol.

Boston vuelve a recibirme

invernal, para decirme,

“Well, I hope you like it all”.

Me gusta Marblehead, sí.

Me gusta su olor a invierno.

Debe ser el sempiterno

Marco Polo que hay en mí.

Llegué anoche y ya preví

que el jet lag me despertara,

que el sol de pronto me echara

cálidos chorros de luz

sobre el insomnio andaluz

que se me quedó en la cara.

Estoy en Marblehead, solo.

En casa de Poitevin.

Regreso a Boston (por fin),

ciudad que medio controlo.

Voy a ver cómo extrapolo

experiencias anteriores

para interpretar sabores,

sonidos, textos, texturas.

Esto de las aventuras

tiene sus riesgos, señores.

Al estar en casa ajena

desayunar me acoquina.

No controlo esta cocina,

me habla en inglés la alacena.

Quedan restos de la cena

(queso, pan, salami, vino)

pero el pobre peregrino

tiene sus gastro-querencias,

culinarias apetencias

y Pedro no es adivino.

Veo mantequilla y pan.

La máquina del café.

Un termo para hacer té.

Frutas que hablan: “Eat me, man”.

¿Los cereales dónde están?,

me pregunto yo que en casa

ni los miro. Qué me pasa.

¿El síndrome del viajero

que a todo le pone un pero

por su obsesión antigrasa?

Pienso: “mientras desayune

voy a ponerme a escribir

mis crónicas y a decir

qué me aleja y qué me une

a Boston”. ¿Cronista impune?

¿O en lugar de ser cronista

el viajero repentista

sin pensarlo, sin ponerse,

está jugando a volverse

fotógrafo decimista?

Por fin, corto pan, lo unto

con mantequilla y rebano

un salami (no es tan sano,

pero ya está). Me pregunto

si el breakfast es un asunto

poético o no lo es.

Pienso en Prevert y después

en Audrey y en los diamantes.

“Ya no somos los de antes,

Audrey, ya nadie lo es”.

¿Desayunar sin diamantes

sin Audrey y sin Nueva York

me hace menos escritor,

entro al gremio de farsantes?

No lo sé. En estos instantes

un gato bajo la mesa

jura que no le interesa

el cine y me roza el pie.

¿El gato querrá café?

¿Y si Audrey Hepburn regresa?

Y en esto se escucha un ruido,

un metálico “tin-tin”.

Me asomo y es Poitevin

que ha vuelto a la casa. Ha ido

a la school en cometido

paternal, con sus pequeños.

Mis anfitriones son dueños

de una rutina envidiable

que me hace sentir culpable,

torpe interruptor de sueños.

Anoche cuando llegué

Pedro y yo madru-charlamos.

Qué tertulia improvisamos

entre el jet lag y el de pie.

Llamé a Lope. Le avisé

a Prevert y a los Machado.

Ginsberg posó disfrazado

de Lorca y Lorca de Sting

mientras Pedro Poitevin

era Pascal inspirado.

Matemática y poemas.

sonetos y logaritmos.

acentos, sílabas, ritmos,

hemistiquios, teoremas,

triangulaciones, esquemas,

dos más dos, uno por uno,

Borges, Lombardi, Unamuno,

“tenemos que terminar

porque se van a juntar

la cena y el desayuno”.

 Y a las dos de la mañana

nos despedimos, felices.

Vaya mezcla de raíces:

Guatemala con La Habana

en la noche bostoniana

hablando de poesía.

Yo me acosté y presentía

que Sir Jet Lag, el muy tonto,

iba a despertarme pronto,

a primera hora del día.

Y aquí estamos. Poitevin

recién llegado a mi mesa

y yo como el que confiesa

“mejor entre dos”, come in.

Vuelve Vallejo al festín

de la charla mañanera.

Boston no entiende siquiera

lo que Trilce significa

mientras Poitevin me explica

que vuelva a la carretera.

Y yo digo: ¡qué oportuno

que hayas vuelto!, ¡menos mal!

Por poco le pongo sal

Al café del desayuno.

Sonreímos. Hoy ninguno

tiene otro plan que charlar

de poesía y viajar

a Framinghang¡ por la tarde.

Vaya dialéctico alarde

de ambos al desayunar.

Y así termino esta crónica

bostoniana (la primera).

El pan desde la encimera

mi mira con risa irónica.

Siento lejos una armónica.

“¿Dylan me está saludando?”

Pienso en Frost mientras (h)ablando

el pan y revuelvo el té.

Boston, ¿qué tal se me ve

cuando estoy desayunando?

“Poesía y matemáticas”,

qué bien empieza mi gira.

De pronto, el gato me tira

miradas aristocráticas,

insinuaciones erráticas

de gato contrabandista.

¡Mejor que calle el cronista

el diálogo improvisado

entre un poeta rimado

y un gato versolibrista!

Alexis Díaz-Pimienta
26 de marzo de 2019

mar
21
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 21 marzo 2019 a las 7:04 pm

Qué mejor fecha que hoy, el 21 de marzo, declarado por la UNESCO Día Mundial de la Poesía, para compartir con los visitantes de mi blog este poema-ejercicio, mis Sonetos sonetiles al soneto, un homenaje a Lope de Vega y a todos los poetas que hemos caído rendidos, durante siglos, a la magia de esta estrofa. Como verán, es un juego. Una glosa extendida al “soneto mayor”, al famoso soneto sonetil de Lope. Y no solamente gloso este soneto al estilo clásico (verso a verso) si no que me recreo (casi me ensaño) con el primer verso (“Un soneto me manda hacer Violante”), glosándolo varias veces, en varios tonos y estilos antes de seguir con el resto de la estrofa. Me hubiera encantado que el propio Lope leyera estas variantes, tomarnos un vino y discutirlo. Pero como Lope es muy suyo, y ni siquiera me responde los mensajes, lo comparto con ustedes, mis lectores, a ver qué les parece.

¿Lo comentamos? Los espero.

 
LOPE DE VEGA, EL FÉNIX DE LOS INGENIOS, autor del soneto más famoso
de la historia de la literatura española.

SONETOS SONETILES AL SONETO


Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho

Lope de Vega

I

Un soneto me manda hacer  Violante

Y yo… ¡cómo no hacer  lo que ella pide!

Yo no soy Lope, pero nadie olvide

que Lope fue también medio farsante.

Fue el mayor influencer (junto a Dante

y a Shakespeare) de ese tiempo que aún preside

tanta literatura y que divide

lo poético en dos: lectura y cante.

Pero bueno, Violante pide poco.

Pocas veces exige algún poema,

¿Cuartetos y tercetos? ¡Vaya coco!

Solo sé que el soneto es un esquema

y un poeta es un loco o se hace el loco

si es Violante quien pone o dicta el tema.

II

¿Un soneto me manda hacer Violante?

¡Cómo se atreve, qué locura es esa!

¡Que alguien ponga más vino en esta mesa!

¡Que tapen el cartel “prohibido el cante”!

Violante, por favor, vaya desplante.

Si se enteran los otros… vaya empresa.

Escóndeme de Góngora (¡sorpresa!),

que a Quevedo después no hay quien lo aguante.

Escóndeme de todos y lo hago.

Ocúltame de todos y lo escribo.

Ya sé que tengo fama de ser vago.

Ya sé que para muchos soy altivo,

pero te hago el soneto y así pago

por las horas en prosa que malvivo.

III

Un soneto Violante hacer me manda,

así, con desvergüenza desmedida.

Se ha pasado Violante media vida

haciéndole al soneto propaganda

Yo no sé qué le ponen en la vianda,

qué le echan a Violante en la bebida.

cómo puede tener esa demanda

delante de otra gente bien habida.

Violante es tan hermosa y culta y fina,

es tan violentamente sonetable

que o le haces el soneto o es tu ruina.

¡Ay, Violante, no quieras que yo hable!

No seas tan endeco-sonetina.

No seas tan lopesco-irresponsable.

IV

Que un soneto me mande hacer Violante

ya no es ni novedad ni atrevimiento.

Parece que yo soy —o así me siento—,

su conejo de Indias, su ayudante

para cábalas líricas mediante

lo que llama “versal divertimento”,

pero que para mí es un sufrimiento

sobre todo si están otros delante.

Que un soneto me pida ya es costumbre.

Que un soneto yo haga, ya ni cuenta.

Todo se hace ritual y pesadumbre.

Y se pone Violante  tan violenta,

que me siento preñado aunque no alumbre.

¡Pobrecito el mediocre de Pimienta!

 V

¡Qué soneto me manda hacer Violante!

¡Qué soneto, por Dios! ¿Clásico dices?

¿Lo quieres petrarquista, con matices

medievales o algo italianizante?

¿O me quieres aún más petulante:

soneto para asombro de infelices?

¿Shakesperiano?, ¿con eco?, ¿con raíces

y aires de parnasiano delirante?

Pide por esa boca, no te cortes.

Pide como si fueses mi patrona.

Exígeme albaranes y reportes.

Ya sabes que el silencio me almidona.

y no quiero pasar por mis aportes

de mal poeta a ser mala persona.

VI

Si me manda un soneto hacer Violante

yo no puedo no hacerlo, se los juro.

Violante es el pasado y el futuro

Violante es lo “detrás” y lo “delante”.

Parezco, ya lo sé, un nuevo farsante

imitando a Tedaldi y Lope, al puro

estilo de su época… un oscuro

personajillo, un torpe figurante,

pero no, no lo soy. Soy solamente

Un poeta atascado en un pedido,

Un obrero del verso ineficiente.

Prometo acometer el cometido.

Prometo exprimir más mi pobre mente.

Si ella lo pide, yo, también lo pido.

                                    

VII


…que en mi vida me he visto en tanto aprieto

bien lo sabes, Violante, y que me excito,

mas no importa, querida, no es delito

pedir a los amigos un soneto.

Eso sí, si me sale bien, completo,

ya sea con teclado o manuscrito

tú no digas después que lo descrito

es un juego falaz, un tonto reto.

Glosando este soneto otro me nace.

glosando verso a verso lo existente,

mostrando quién y qué y cómo se hace

espero que resulte suficiente.

Al menos a mí hacerlo me complace

mucho más que leer los de otra gente.

VIII

Catorce versos dicen que es soneto

Silabas son ciento cincuenta y cuatro.

Catorce endecasílabos, teatro

para un nuevo y absurdo Rigoletto.

Catorce versos con los que someto

el lenguaje a sufrir las veinticuatro

horas en que las voces que idolatro

vuelven a ser no-voces (¡qué panfleto!).

Quien juega con el ritmo del lenguaje

y sílabas y acentos entreteje

es normal que al final casi no encaje.

Yo no encajo en mí mismo, soy mi hereje.

Lo mío es afición al sabotaje

matemático-oral, no se acompleje.

IX

Burla burlando van los tres delante.

Qué tres endecasílabos, poeta.

Qué fórmula tan pública y secreta.

Qué terna de estructura sibilante.

Burla burlando y que el burlado cante

lo burlesco con tono de opereta.

Yo me burlo de aquel que me respeta

Aunque sé burlarse no es bastante.

Que tres versos se burlen de otro verso

que ya por ser el cuarto es minoría

solo sirve de burla en mi universo.

Maldita debe estar la poesía

si genera estas burlas el esfuerzo

del poeta, falaz Violante mía.

X

Yo pensé que no hallara consonante, 

y ya ves, encontré, sigo encontrando.

Parezco un clown poético  jugando

a que nada en el arte es importante.

No te enfades conmigo. En lo adelante

fingiré que me cuesta estar versando.

Haré muecas de bardo trabajando,

haré gestos de obrero palabrante.

Qué culpa tengo yo de que el poema

como pliego de voces se despliegue,

saque lengua y sonría y nada tema.

No me niegues el vicio de  que juegue.

no condenes mis versos a la quema.

Quien ve que puedo hacerlo, no lo niegue.

XI

…y estoy a la mitad de otro cuarteto

como quien no quería, tan culpable

que si hubiese querido lo admirable

se volviese en mi contra vano objeto.

No intento lucimiento. No hay secreto.

Si canto es natural que también hable

y como i-repentista i-rresponsable

a no jactarme más me comprometo.

Este es el I + D de los poemas.

El I + D + I del sonetismo.

Así que tú, querida, no me temas.

¿Producto Interno Bruto? Da lo mismo.

¿Producto Externo? ¿Inteligencia extrema?

Catorce versos… ¿Ya?  ¡Que nerviosismo!

XII


…mas si me veo en el primer terceto

y los demás me ven, peor incluso,

podrían acusarme de que abuso

de tu confianza y aplicarme un veto.

Podrías acusarme de obsoleto,

Decir, ¿y a este palurdo quién lo puso?

Decir que soy  un ángulo muy obtuso.

Decir que soy de Lope un mal bisnieto.

En mi defensa no diré ni un verso.

Me pondré boca abajo en el teclado.

Rimaré por la espalda, de reverso.

Estaré sin defensa, anonadado.

Solo al final diré, “séptimo verso”,

penúltimo en cuarteto ya glosado.

XIII


No hay cosa en los cuartetos que me espante

como tampoco hay cosas que me animen

a seguir este juego en el que gimen

las bisagras del ritmo: voz menguante.

Pero todo retado es ya retante

y a quien retan del reto no lo eximen,

como mismo las jóvenes con himen

no pre-eximen de culpa al post-amante.

Un cuarteto es, digamos, el comienzo

de un viaje a otro cuarteto que a su vez

es la entrada a un tercero que después

de otro terceto es pórtico. Si venzo

habré vencido cuatro y cuatro y tres

de las trampas poéticas que trenzo.

XIV

Por el primer terceto voy entrando.

Entré y entro y entrar se vuelve vicio.

Dan ganas de leer desde el inicio.

Dan ganas de alquilar un hasta cuándo.

Noveno verso. ¿No los vas contando?

Noveno verso. ¿Triunfo o estropicio?

Si llegas al terceto en este juicio

no te dejes timar, estás ganando.

Me gusta lo ternario y triangulante

que tienen los tercetos del soneto,

su ritmo descendente-estimulante.

Me gusta lo ternario del terceto.

¡Qué bonitos los tríos!, ¿eh, Violante?

¿A que el número tres es muy coqueto?

XV


…y parece que entré con pie derecho

porque de lo contrario caería

en sabe Dios qué extraña fechoría

de esas que te hacen nudos en el pecho.

Al menos yo me quedo satisfecho,

con cara de feliz melancolía.

¿Violante aceptará tanta herejía?

¿Acaso lo pedido no está hecho?

Violante me retó, bien por la dama.

Yo me suelo asustar, mas no lo hice.

¿Un soneto?, me dije. ¿Tengo fama

de hacer sonetos? Pues que lo analice.

Y mientras analiza forma y trama

normal que este soneto finalice.

XVI


…pues fin con este verso le voy dando

al reto de Violante, buena amiga,

la que reta a los retos y mitiga

las reglas que yo (solo) voy violando.

Espero que no quieran luego ir dando

noticias que Violante contradiga.

No niego que el soneto me fatiga,

que tengo ahora el cerebro medio blando.

Pero los retos son muy divertidos.

Si pierdes nada pasa, es solo un juego.

Ni siquiera hay cadáveres ni heridos

Y si ganas, centímetros de ego

salpican de otros bardos los oídos

para que nunca más te reten luego.

XVII

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho 

que el segundo al primero algo le debe

y el primero al tercero lo conmueve

y el tercero va al cuarto insatisfecho.

Cada verso nacido saca pecho.

Se hace el duro, el gran verso cuando bebe.

Pero a mí no me importa, todo es breve,

tan breve que parece poco hecho.

Un soneto pedido o encargado

más méritos no tiene que uno escrito

por el mero placer de lo inspirado.

¿Si improviso un soneto es un delito?

¿Si improviso un soneto es un pecado?

No le cuenten a Lope, pobrecito.

XVIII


Que voy los trece versos acabando

y ya perdí la cuenta no el acento.

Trece versos que son un buen invento

para seguir sonetos practicando.

Yo juego a no ser yo de vez en cuando.

Yo juego a ser el Lope del seis ciento.

Ludópata verbal al 10 por ciento.

Ludópata verbal improvisando.

Pero en catorce versos me re-creo,

Digamos que me creo varias veces

y en varios rostros más mi rostro veo.

¿Qué tal si llamo a Lope y lo enterneces?

¿Qué tal si los sonetos que te leo

los oyes y después desapareces?

XIX


Contad si son catorce y está hecho

el soneto de marras, tu poema

de catorce por once, viejo esquema

que en Petrarca tenía (antes) el techo.

Contad si son catorce y satisfecho

heme entonces por fin: cero dilema.

Un poeta mandado, voz extrema

que vive entre sonetos contrahecho.

No se diga, Violante, que he faltado

a este mi compromiso con las musas

ni siquiera pregones que he dudado.

Ya no entiendo, querida, por qué abusas

y me pides hacer lo que he acabado

si después ni los lees ni los usas.

Y solo por joder, porque se note

que estos son pasatiempos infantiles

después de estos sonetos sonetiles

te dejo de propina un estrambote.

Alexis Díaz-Pimienta
www.diazpiimienta.com
Twitter: @DíazPimienta