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REPENTISMO EN SANTIAGO DE CUBA: DEL MITO A LA REALIDAD

Publicado por Alexis Díaz Pimienta el 2 marzo 2020 a las 8:29 pm

Por Alex Díaz Hernández




Quince horas de viaje por carretera no pesan cuando tienes un objetivo. Lo primero que hice al llegar a Santiago de Cuba fue tocar las paredes del cuartel Moncada y revivir la historia que cuentan esos pasillos. Un cuartel convertido hoy en la escuela 26 de Julio, con cinco escuelas primarias y una secundaria.
Era mi primer viaje a la tierra caliente y ya desde La Habana había intentado localizar a repentistas en la oriental provincia,sin embargolos resultados fueron fallidos. Había algunos indicios sueltos, pero no concretos.
Después de ver el Moncada lo único que pasaba por mi mente era hallar improvisadores poéticos en Santiago.
El son, el cementerio de Santa Ifigenia, los museos, la vieja trova, la Plaza de Marte, el prú (bebida realizada con la fermentación de raíces), la Catedral, la música en la calle, el calor, todo esto es allá una mezcla única, irrepetible en cualquier otra parte de Cuba y, posiblemente, del mundo.
Los amigos santiagueros que ya conocía y los otros que acababa de conocer eran mi única esperanza para encontrar decimistas.
***
Y claro que hay repentistas en Santiago. El segundo día ya teníamos la ubicación de un señor muy mayor de edad que cantaba décimas. El periodista Jorge Albear localizó a Osvaldo Carralero, un hombre que fue por 23 años escolta de Raúl Castro, que nació en Holguín, pero solo hasta llegar a Santiago de Cuba empezó a improvisar espinelas. Dice que un día escuchó un laúd y unas tonadas y desde ese día no ha parado de cantar.
Carralero se siente cansado de luchar por la décima en su tierra adoptiva, sin resultado alguno. “Aquí la décima está caída, la tenemos viva nosotros, no hay ningún interés”. Mientras nos cuenta esto hace pequeñas pausas. Levanta la voz para decir que inició un taller de repentismo, pero vuelve a disminuir la entonación con tristeza. “Vinieron tres poetas de La Habana, me dieron un mínimo-técnico, me dieron un libro y empecé con los niños”.  Sus alumnos solo pudieron disfrutar lo lúdico de sus clases por varios meses. Carralero se sentía desamparado, sin apoyo, y tuvo que dejar el taller.
Cuando habla, las pausas desesperan, pero lo escucho tranquilamente. Osvaldo cambia el sentido de la conversación, una y otra vez me obliga a empatar una historia con otra usando la imaginación. De pronto recita décimas aprendidas de diferentes temas: la patria, el comandante, su esposa; recita y me mira fijamente, como esperando que por cada verso impactante yo reaccione. Y así lo hago.
***
Entre la majestuosa Catedral y el hotel Casa Granda está la Biblioteca Elvira Cape. Hasta allí nos llevó Carralero, con paso apurado. A Carralero lo conoce mucha gente, lo saludan, lo llaman “poeta”. Anteriormente nos había comentado sobre una peña de repentismo que tenía en la céntrica biblioteca Elvira Cape y nosotros estábamos contentísimos, no solo habíamos descubierto a un poeta, sino también una peña de repentismo en Santiago de Cuba.
Frente a la biblioteca estaba la casa natal del más grande poeta santiaguero de todos los tiempos: José María Heredia.Allí esperábamos a Carralero cuando muy apenado salió y nos dijo que no sabía por qué no había nadie esperando que comenzara la actividad.Entonces salió en busca de los músicos y los poetas de la peña.
En la biblioteca, la verdad, ambiente “de peña” no había. La sala estaba vacía completamente. La recepcionista nos miraba con rareza, pero cuando apareció Carralero con el laudista el salón pareció llenarse; él le impregnaba una calidez increíble al momento. Nos contó que no había encontrado a su contrincante, pero me invitó a que improvisáramos unas décimas. ¡Y claro que cantamos!
El laudista, Eligio Rodríguez, es un músico empírico que aprendió a tocar su instrumento de oído.“Yo me iba con mi hermano para los lugares donde ellos iban a tocar, me situaba al lado del que tocaba el laúd o la guitarra, me ponía a mirar y toda la música esa se me grababa en la mente.Cuando llegaba a la casa y mi hermano se iba para el trabajo, yo le cogía la guitarra y me ponía a buscarle afinaciones. Y así fue como comencé”. 
A Eligio había que mirarlo fijamente para poder entender lo que decía, porque hablaba rápido, enredado. Él siempre acompaña a Carralero a todas sus actividades con su laúd al hombro; era una suerte de escudero. 
“Yo siempre toco solo, no hemos tenido la dicha de encontrar un guitarrista que nos acompañe”, aclaró,casi murmurando, como si la nostalgia de no haber tenido una guitarra lo invadiera de repente.Carralero le dice que saque el instrumento, que ya es hora de hacer sonar las cuerdas. Eligio, sin pensarlo dos veces, empieza a tocar la tonada Carvajal, en do menor. Nos dimos cuenta de que al poeta le gustaba mucho improvisar por esa tonada. Carralero, serio, sereno,comenzó a cantar: 

Viste sus mejores galas
la décima campesina.

Hizo una pausa, miró al laudista, que no dejó de tocar, repitió los dos primeros versos y continuó:

Fácil, sutil golondrina
que alegre bate sus alas.
Hay otra pausa intencional, para que la melodía tomara el protagonismo del momento, y prosiguió:

Anda todas las escalas
del programa musical.

Nueva pausa pequeña y remate del poeta:

Como el fresco manantial
que me cubre cada poro
para brindar con decoro
la actividad cultural.
Yo intento seguir cantando por la tonada Carvajal y complacerlo con unas décimas. Lo miro fijamente,e improviso respetando todas las pausas que obliga la melodiosa tonada:
Si estuvieras en La Habana
yo dentro de ti me integro
y te pongo el pelo negro
aunque afuera sean canas.
Convierto en años semanas
y te hago una canturía.
Y cuando pase ese día
verás cómo siendo un mago
entre La Habana y Santiago
achico la lejanía.
Cuando llevábamos diez minutos cantando, Carralero, mi equipo de trabajo, el periodista Jorge Albear, el laudista y la recepcionista, miraron llegar a un hombre vestido de guayabera y con sombrero, que rápidamente se posicionó en el supuesto escenario del salón.Supuse que era el otro poeta,hasta queél interrumpió y dijo con una tonada libre en do mayor:
                            En un grano de maíz
                            se forjó su vida entera
La voz del poeta retumbó en el eco de la sala, una voz fuerte, segura y afinada. Después del interludio musical repitió los dos primeros versos y continuó:
para dejar la cantera
de jóvenes al país.
Hizo una pequeña pausa donde recorrió con los ojos a los presentes y concluyó:
Del Caguairán su raíz
va creciendo a cada instante
y este país tan gigante
que le entregó el corazón
aclama con gran razón:
gloria eterna, Comandante. 
Una vez que el poeta iba por el verso ocho (“que le entregó el corazón”) repentinamente un sonido se apoderó de la sala, de la zona, de nosotros. El Himno Nacional cubano se escuchaba y no sabíamos de dónde venía. Carralero y el poeta se pararon en firme, automáticamente, y mandaron con un gesto fuerte al laudista a parar el instrumento. Nosotros nos paralizamos también, hasta que dejaron de sonar las notas del himno. Después de unos segundos de silencio volvió otro sonido a rebotar por las paredes de la biblioteca. Parecía que nos habíamos trasladado de pronto a un concierto de la Sinfónica Nacional de Cuba. Todos nos miramos sorprendidos y los poetas intentaron hacer una décima entre los dos, de despedida, pero a duras penas alcanzamos a oír lo que cantaban. Al terminar su décima, Carralero me presentó a Raúl Rondón, su compañero de escena. No dije nada, pero pensé: “vaya, se llama igual que el famoso tonadista, Raúl Rondón, El bardo camagüeyano”, pareja radiofónica del Jilguero de Cienfuegos en los años 70 y 80, según cuenta mi padre.
Nos abrazamos entre notas musicales. El sonido sinfónico era tan fuerte que era mejor salir a ver qué es lo que estaba  pasando. En la entrada de la biblioteca había en la calle unos 30 músicos de la Banda Municipal de Conciertos de Santiago de Cuba, tocando. Sorprendidos, comenzamos a hacer fotos. Definitivamente, hay cosas que solo se ven en Santiago.
***
Encontrar grupos de son, boleristas o cantautores es muy fácil en esta tierra tan musical, pero grupos de música campesina hay pocos. Eso me contó José Mendoza, metodólogo de música del Centro Provincial de Casas de Cultura y director de uno de los grupos santiagueros de música campesina. Mendoza cuenta con orgullo haber dirigido el grupo Trinchera Agraria, y compartido escenario con el reconocido músico cubano Eliades Ochoa, además de tocar por ocho años en el grupo Curujey, y ahora liderar el grupo Son del Batey.Asegura que hay muy pocos repentistas en Santiago, pero que existen, sobre todo en los municipios de los alrededores, como Segundo Frente o San Luis.En su grupo improvisó por varios años Osvaldo Carralero; ahora cuenta con dos intérpretes que dominan varias tonadas y son quienes mantienen viva la décima dentro del grupo.“Carralero estuvo trabajando con nosotros mientras existía la agrupación Curujey. En el 2006 dejamos de funcionar y ahí surge Son del Batey y retomamos otra vez a Carralero. Ya el poeta estaba un poco mayor y decidimos hacer las tonadas con nuestra cantante”. El metodólogo y director de orquesta asegura que la música campesina en Santiago está viva; sin embargo, el panorama que encontramos fue otro.
***
No podía despedirme de Santiago sin ver nuevamente a Rondón y a Carralero, y ellos estaban más contentos y ansiosos que yo, incluso, habían prometido avisarle a los otros repentistas que estaban en la zona. Mencionaron al Sinsonte Cobrero(Antonio Rpdríguez, Ñiquito, un poeta que vivía por El Cobre). Habíamos quedado para vernos en el centro de la ciudad, para conversar un poco y cantaralgunas décimas.
El encuentro fue hermoso, hacía mucho tiempo estos poetas repentistas no coincidían con sus homólogos. Después de un rato de espera, el Cobrero nunca llegó, y decidimos caminar en busca de un lugar tranquilo para poder cantar. Mientras desandábamos la calle Enramada, recordaba la popular avenida de Obispo en La Habana, con la diferencia de que en Santiago la gran mayoría de los transeúntes son cubanos.
Carralero y Rondón me llevaron a la Casa del Ron y allí Eligio Rodríguez desenvainó su instrumento y, sin esperar mucho tiempo, los versos empezaron a caer.Yo escuchaba y grababa, escuchaba y reía, escuchaba y me sentía feliz de haber encontrado a estos dos personajes.
Dijo Carralero con desenfado:
Levantemos la cultura
en la tierra santiaguera
llevando como bandera
que se mantenga su altura.
Con una base tan pura
de los improvisadores.
Dignos y merecedores
del verso culto y bien hecho,
llevando en su propio pecho
que no se pierdan valores.
Rondón deja que sueñe el laúd, esboza una sonrisa y tras la pausa instrumental dice:
Alex, junto a tus dos flores
has venido hasta Santiago…
Dejó que el instrumento insinuara unas notas, pero arrebató el sonido rápidamente, repitió los dos versos primeros y terminó la redondilla:
…y hoy te brindo un halago,
pues mantienes tus honores.
Volvió a esperar que el instrumento sonara, pensó por unos segundos y por fin cantó:
Cambiarás esos colores
en la décima cubana.
Hizo una pequeña pausa en el puente y continuó:
Y el futuro del mañana
en Santiago se verá
porque hasta aquí nos traerá
la vida más cotidiana.
Se sentía el aplauso tímido del cantinero, nuestro único público. Los poetas estuvieron cantando un buen rato y después recitaron décimas y pie forzados que querían que nos lleváramos grabados.Para terminar propusieron hacer unos piropos a las periodistas del equipo de trabajo de Oralitura Habana:Leidys Hernández y Vanessa Castro. Aplausos, abrazos y risas matizaron nuestro encuentro.    
***
Entonces… ¿qué pasa en Santiago de Cuba con el repentismo? La décima floreció en el occidente cubano.“Desde la segunda mitad del XVI comienza desde Canarias la emigración masiva, mediante grupos familiares. Esto permite habilitar las tierras de labor para el cultivo intenso y diverso(…) En esta diversificación agrícola tiene gran importancia el cultivo del tabaco, pero los latifundistas ganaderos hacen mucha presión para que dicho cultivo no se haga en tierras cercanas a la ciudad”. (Linares, María Teresa. El punto cubano, 1999).
En los alrededores de La Habana se asentaron los canarios, que trajeron a esta tierra la décima oral improvisada. Por esa razón prosperó con más fuerza en esta región y en menor medida en Santiago y el oriente en general. Una mención aparte merece Las Tunas,que tuvo en el siglo XIX la figura de El Cucalambé (poeta y decimista, no repentista), y en la que se realiza cada año uno de los eventos más importantes del repentismo en Cuba: la Jornada Cucalambeana, que ya tiene 52 ediciones.
De Santiago de Cuba fue el importante repentista Rafael García, conocido como el León de Madruga, tierra del occidente cubano en dónde se desarrolló como improvisador.También santiaguero es el mediático repentista Emiliano Sardiñas, actualmente residente en la capital cubana y del municipio Banes, Holguín es la Ciega Maravillosa, Tomasita Quiala.
En Santiago se realizan varios de los festivales más importantes del país, como el Festival del Caribe, la Fiesta del Fuego y el Festival de la Trova.En estos eventos hay muy poca presencia de repentistas. Tengo conocimiento de que también se realizan las fiestas campesinas del Platanal de Bartolo, en el municipio San Luis, adonde ha sido invitado en disímiles ocasionesEmiliano, el Poeta de la Mochila.
Hay que incidir más en estos eventos, nutrir más las fiestas campesinas con repentistas profesionales pero, sobre todo, aumentar la participación en espectáculos que no tengan nada que ver con la décima, lo que demuestra lo dúctil que puede ser y de esta forma  llegarle a un público nuevo y desconocedor del fenómeno del repentismo.
El abrazo de despedida con Osvaldo Carralero sabía a compromiso, a promesa, a esperanza. Irnos de Santiago significaba regresar y hacer posible el sueño de los pocos poetas de esa zona. Crear talleres de repentismo y acompañamiento musical, conferencias en torno al Punto Cubano, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y espectáculos tradicionales y contemporáneos donde la décima oral improvisada esté presente. Ese es el reto.


VÍDEO:
REPENTISMO EN SANTIAGO DE CUBA.
DEL MITO A LA REALIDAD.


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