"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

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ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR: Prólogo a "Confesiones de una mano zurda"

Publicado por Alexis Díaz Pimienta el 17 noviembre 2012 a las 5:17 pm


A pesar de que la improvisación de décimas ha sido mi razón de vivir desde los 5 años, y que le he dedicado al repentismo muchos años de práctica, de investigación y de docencia, lo cierto es que en el ámbito literario no ha sido la décima el género que más he cultivado. Hasta la fecha (2012) he publicado 28 libros, y de ellos solo 3 son de décimas ("decimarios", decimos en Cuba a estos libros de poemas escritos, íntegramente, en la clásica estrofa). En el año 1994 publiqué el primero, Robinson Crusue vuelve a salvarse, co-escrito con David Mitrani y editado por la tunera Sanlope gracias a que fue ganador (en 1993) del Premio Nacional Cucalambé de Décima Escrita. Luego, en 1997, publiqué en Canarias, en la exquisita Colección San Borondón del Museo Canario, La sexta cara del dado, mi segundo decimario; y el tercero lo editó otra vez la tunera Sanlope, gracias a que, diez años después, en el 2003, volví a ganar el Premio Cucalambé de Décima Escrita, ya entonces con carácter Iberoamericano. Este libro es Confesiones de una mano zurda, mi último decimario públicado hasta fecha (aunque tengo varios inéditos).
Y en este libro conté como prologuista con el poeta y ensayista cubano Roberto Fernández Retamar, todo un lujo, y ahora, esperando la reedición de este tílulo por la española Scripta Manent, comparto con los visitantes de mi cuarto ese prólogo, y algunas de estas esas confesiones "a la izquierda" (o "por la izquierda").



Prólogo de Confesiones de una mano zurda







Como se sabe bien, la vida está cuajada de sorpresas. Cuando Alexis me pidió este prólogo para su libro Confesiones de una mano zurda, ni él sabía que yo soy zurdo, ni que he publicado un libro titulado Concierto para la mano izquierda. Así que he leído sus Confesiones…, nada agustinianas ni roussonianas, con particular interés. A pesar de lo cual, quisiera no incurrir en lugares comunes de tantos prólogos, y cantar loas sobre las páginas que siguen. No sólo porque el lector y la lectora van a comprobar de inmediato el valor de las décimas que conforman el libro, sino porque Alexis no necesita loas. Es casi natural que esta obra suya haya merecido el Premio Iberoamericano Cucalambé en Décima Escrita correspondiente al año 2003. Alexis suele ganar premios con ejemplar frecuencia. Lo que prueba que hay justicia sobre el planeta. Y además ratifica el talento en verdad excepcional de que está dotado.

Lo primero que supe de Alexis es que es un improvisador de primera fila. Siempre me maravilla escuchar a tantos de nuestros buenos improvisadores, que hacen válidas las conocidas palabras de Martí según las cuales Homero está vivo en nuestras tierras. Su arte milenario sigue centelleando a nuestro lado. Oír a Alexis regalar sus seguidillas es una fiesta. Con eso le bastaría para ser recordado. Pero este joven, es, además, un cuentista, un novelista, un hacedor de la otra poesía, la que no se escribe en décimas, y en todas esas áreas su trabajo es bien valioso. Y por si fuera poco (y no lo es), un día Carlos Martí me sorprendió dándome a conocer una obra impar, de quinientas setenta páginas, debida a Alexis: Teoría de la improvisación. Primeras páginas para el estudio del repentismo. La leí con una admiración mezclada con incredulidad. Estamos tan mal acostumbrados, que creemos que el improvisador es una criatura silvestre, la cual tiene poco que ver con otras formas del ejercicio intelectual. No conozco, al menos en Cuba, quien dé un mentís más rotundo a esa equivocación que Alexis. El arco magnífico de su creación va de la oralidad, raíz irrenunciable de la literatura (aunque en la etimología de esta palabra esté enredada la palabra letra), a formas exigentes de la narración, el verso llamemos convencional, y la rigurosa visión teórica. A lo anterior se suma que Alexis sea lo más distante imaginable del pavo real a que podría tentarlo la multiplicidad y calidad de su faena. Es una criatura de deslumbrante sencillez. Pero no olvidemos que los versos más ricos y complejos escritos por un compatriota se llamaron Sencillos.

Le agradezco a Alexis Díaz-Pimienta, sin duda uno de los escritores cubanos más notables de su generación, que me haya honrado pidiéndome estas palabras. Después de las cuales, esperan décimas imaginativas donde dialogan los trenes con Joyce y Bola de Nieve, donde nos enteramos que “Dios es pobre y comunista”, donde la mano zurda, mi querida y preterida mano zurda, monologa interrumpiendo o enriqueciendo unas confesiones que se leerán con gratitud.

Roberto Fernández Retamar,
poeta y ensayista cubano.





ALGUNAS DÉCIMAS DE LIBRO:
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ANTIGUAMENTE, LOS TRENES...




Antiguamente, los trenes
eran mucho más románticos:
el humo y sus grises cánticos,
los coches con sus vaivenes,
las novias en los andenes,
el lento adiós, el pitido...
Antiguamente, ni al ruido
se le guardaba rencilla.
Lento zoom back: ventanilla,
lágrimas, rostro perdido.

Ahora, en cada despedida
los relojes se atraviesan,
las parejas no se besan,
el humo es blanco y suicida.
Una voz semidormida
anuncia que el tren se va...
Pero todo el mundo está
leyendo, fumando, ido...
«Tren con destino al Olvido,
andén sin número: ¡ya!»



NIEVES DEL KILIMANJARO


Nieves del Kilimanjaro,
dónde está el viejo escritor,
dónde su barba y su horror
al silencio. Qué disparo
falta en el Kilimanjaro
para que los animales
parezcan bestias reales
y no absurdos fotogramas.
Dónde el temblor de las ramas.
Dónde el sol de las postales.´


Nieves negras de malaria
y frías de paludismo:
¿será cierto que el mutismo
es la escritura de un paria,
la novela mercenaria
de los duendes del pasado?
¿Está el silencio poblado
de piojos, fiebres, borrones,
líricas masturbaciones,
como un libro mal borrado?


Kilimanjárica voz,
frialdad remingtoniana:
¿será esta casa en La Habana
el sitio donde los dos
creyeron llegar a Dios?
Silba el viento. Oigo un disparo.
Salgo a la puerta y le aclaro
al viento que el escritor
no está. Y me llega el olor
triste del Kilimanjaro.


FANTASÍAS DEL POLÍGLOTA


Por ti, madame Bobary, aprendí a leer francés. Por ti, Molly Bloom, inglés en poco tiempo aprendí. Por ti, Karenina, fui un voraz lector del ruso. Pero Flaubert no se puso celoso, ni Joyce me odió, ni Leon Tolstoi se enfadó, ni mi cuerpo se indispuso.

Sólo el señor Bobary gritó y me volvió la cara. Y el señor Bloom tosió para recordar que estaba ahí. Solo Karenin ve en mí a un rival, y Vronsky grita, me da la espalda, se irrita, celoso de un traductor que ha intentado, por amor, salvar a la moscovita.

Y me quedé con Flaubert a caminar junto al Sena. Y Joyce preparó la cena que Molly no quiso hacer. Tolstoi se puso a leer mis versos en español. Todos tristes, en un rol que no admite traductores, ni críticos, ni lectores: sólo lágrimas y alcohol.

Pero, al fin, el señor Bloom dijo da en lugar de yes. Y Tolstoi besó en francés. Y Flaubert se quitó un albornoz de color moon viendo a Molly en carne viva. (Yo empecé a tragar saliva) ¡Joyce con madame Bobary! ¡Y Karenina ante mí con las piernas en cursiva!

Pecado en varios lenguajes. Voyerismo de lectores. Incesto de los autores con su propios personajes. Cambios, falsos maridajes (¡miss Bloom y la Bobary...!) Todo era: yes, sí, da, oui... Anglo-franco-hispano-sexo. Libro húmedo, tibio anexo ruso-franco-anglo-hispani...1

Desde entonces Joyce no existe a no ser en las novelas de Flaubert, entre las telas que madame Bobary viste. Y Tolstoi ya no resiste escribir sin Molly Bloom. Y Flaubert –esto, según últimas informaciones– espera otras traducciones de una velada en común.

Mientras, los serios señores Bloom, Kerenin, Bobary, siguen celosos de mí, víctimas de sus autores. No contaré pormenores. ¿Ellas? ¿ellos? you? ¿nous? ¿yo? ¿faire l’amour? ¿to make love? No. Es mejor una palabra intraducible, que abra dudas en lo que pasó.



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1 La sílaba «co» que falta para completar «hispánico» (octosílabo volcánico, verso que dicho en voz alta en vez de inhibir resalta políglotas emociones) tal vez otras traducciones la lleguen a respetar. Yo he preferido evitar có-pulas y co-nfusiones.
  1.  

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