"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

may
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SONETOS DE ESTACIÓN

Publicado por Alexis Díaz Pimienta el 4 mayo 2012 a las 10:39 pm
Fragmento de mi libro Foto fija con perro en movimiento, un poemario sobre una de mis pasiones: los viajes en tren. Espero que lo disfruten los vissitantes de mi Cuarto...



Sonetos de Estación

I

Una estación de tren tan solitaria
que el reloj tiene miedo a dar la hora
y el óxido pregunta si hay demora
(amén de la demora casi diaria).
Bancos vacíos. Vientos de plegaria.
Las dársenas hablando con voz queda.
Y yo soy cara o cruz de otra moneda
para una trayectoria innecesaria.
Una vieja Estación abandonada
entre adioses, pañuelos, lagrimales,
quédate, vuelve, espérame, no es nada...
Una vieja Estación con sus postales
de viajeros con niebla en la mirada,
de náufragos en secos humedales.

II

No falta, por supuesto, un perro flaco,
un viejo guardagujas sonriente,
una enorme pared de vidrio opaco,
un árbol-meadero de la gente.
No falta una colilla jorobada,
un póster ya borroso, una bombilla,
un viejo pisoteando la colilla,
una viuda con gestos de casada.
No falta el vigilante ferroviario
con su viejo candil, su boina roja,
su reloj de bolsillo innecesario,
su tizne en el mirar, su pata coja.
No falta ni el poeta solitario
que está viendo llover y no se moja.

III

No faltan los vagones de otros trenes
jubilados o medio jubilados,
las traviesas con clavos oxidados,
las gravillas con canas en las sienes,
los vasos de cartón labiopintados,
los viajeros con cara de rehenes,
y un niño de cordones desatados
y el tácito “oye, ¿y tú, de dónde vienes?”
Si esta vieja Estación hablar supiera,
con metálica voz desafinada,
la viuda volvería a ser soltera,
el perro no tendría hambre atrasada,
ni el reloj menopausia minutera,
ni yo hubiera podido escribir nada.



Estación Torrelavega


Un tren lleva los restos de la tarde
pegados al cristal de las ventanas.
Lleva el ayer (siempre habrá quien aguarde),
sombras antiguas, ruido de campanas.

Pasa surcando el tiempo y la memoria
con pañuelos mojados de agua triste,
y la viuda del pueblo, haciendo historia,
esperando a un viajero que no existe.

Un tren lleva los restos de la vida
como un humo sagrado, impenitente.
Si llega el tren: «La novia está dormida».
Si parte el tren: «Recuérdame en el frente».
Si llega el tren: «No puedo, se me olvida»
Si parte el tren... si llega el tren... ¡qué gente!




Un viaje de película europea

                             para Jorge Semprún

He visto una película terrible.
Un tren. Una Estación. Varios soldados.
Cientos, miles de seres maniatados
y un ruido de cerrojos imposibles.

Tantos años después, la misma ruta,
los mismos girasoles y olivares.
Mi vista reconoce estos lugares
(el vaso con los restos de cicuta.)

Seguramente hay piedras y raíces
que sienten todavía llanto, gritos,
y un coro de fantasmas infelices.

Voy juntando pecados y delitos.
Armo un puzzle de fotogramas grises
y el paisaje se cae, a pedacitos.


  1.  

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