"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

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TSUNAMI: un poema de dolorosa actualidad

Publicado por Alexis Díaz Pimienta el 11 marzo 2011 a las 7:42 pm
Lamentablemente, este poema vuelve a entrar en vigencia. Lo escribí en diciembre del año 2005, cuando al conmemorarse el primer aniversario del Tsunami que asoló Indonesia, todos los telediarios del mundo graficaban el horror con reportajes, entrevistas, documentales. Lo publiqué entonces en la prensa cubana (Juventud Rebelde) y luego en una antología coordinada por el grupo sevillano Surcos de Poesía, bajo el título "Palabras que se mojan". Lamentablemente, las imágenes de dolor y muerte se repiten, esta vez en Japón y otros países del pacífico. Otra vez yo, y millones de personas como yo, no deberíamos cenar tranquilos. Otra vez miles de personas se han quedado sin cenar, para siempre.


Tsunami

para Juan Sánchez Lafuente,
a un año de la catástrofe


I

Yo tan tranquilo, cenando,
y el mar que lo envuelve todo
en negras mantas de lodo,
en ruanas de fango blando.
Yo tan tranquilo, cenando,
y el mar que llega y arrasa:
una tumbona, una casa,
un automóvil, bañistas
desprevenidos, turistas
que no saben lo que pasa.

II

Yo tan tranquilo, cenando,
y el mar que llega y no avisa:
tromba de muerte con prisa
miles de vidas cegando.
Y él tan tranquilo, filmando
la ola que a formarse empieza
para darles la sorpresa
navideña a sus papás.
La ola del nunca jamás,
la ola del no se regresa.

III

Yo tan tranquilo, cenando,
y ella sobre una tumbona,
y tres niños de la zona
a los peces imitando.
Y aquel tranquilo, surfeando.
Y aquella bebiendo un fresco
cóctel... ¡Qué rocambolesco
destino el de todos juntos!:
maremágnum de difuntos
en un videoclip dantesco.


 
IV

Yo tan tranquilo, cenando,
y el mar que llena de sal
la cámara digital
de quienes lo está grabando.
Yo tan tranquilo, cenando,
y el de la motocicleta
feliz por verle la teta
descubierta a una turista:
obnubilada su vista,
última imagen secreta.


V

Yo tan tranquilo, cenando,
y el cuerpo del maremoto
velando la última foto
de los que están veraneando.
Yo tan tranquilo, cenando,
y de pronto, alza la playa
la voz, y el silencio estalla
sobre personas tranquilas:
náufragos en mis pupilas,
al fondo de una pantalla.

IV

Yo tan tranquilo, cenando,
y hasta el postre sabe a sal.
Pecado de comensal:
qué yerro estar masticando.
Yo tan tranquilo, contando
víctimas: mil, dos mil cien,
doscientos mil... ¡Qué vaivén
de cifras! De pronto choca
una lágrima en mi boca
y está salada también.

VII

Yo tan tranquilo, cenando,
cuando todos en mi hogar
gruesas lágrimas de mar
van en los platos soltando.
¡Que apaguen la tele!”, mando.
Que se lleven la comida.
Que me alcancen enseguida
un pañuelo de papel”.
Y flotan, sobre el mantel,
miles de cuerpos sin vida.







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