"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

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"UN TELEGRAMA DE AMOR Y DE CERTEZAS": Prólogo de Amado del Pino a "En Almería casi nunca llueve"

Publicado por Alexis Díaz Pimienta el 13 noviembre 2012 a las 6:28 pm

UN TELEGRAMA DE AMOR Y DE CERTEZAS







Avísame cuando llueva / Sal y mójate. Que un trueno/ te ponga de punta el seno/ que la llovizna te beba”. Varios amigos nos aprendimos de memoria estos y todos los versos de “Poema de la mujer-árbol”. Con los atardeceres y los embates de la nostalgia cambiamos y acomodamos rimas, empobrecimos alguna solución literaria, pero nos disculpábamos con que, mediante nuestras infieles versiones, nos hacíamos acompañar de algo lindo (prefiero este adjetivo aquí a los más solemnes hermoso, hondo o majestuoso), una idea feliz, una cosita fresca y sincera “para el alma divertir”, como cantara el sonero.
Alexis Díaz Pimienta es –además de uno de los más sólidos y versátiles escritores cubanos de su generación- un tipo agradecido, un hombre de barrio “que no se destiñe”. Se la pasa recordando una pesada máquina de escribir que en el umbral de la puerta de mi casa de la calle Vapor, parecía más adulta que su cuerpo de negrito adolescente. Yo nunca le he dicho que esa celebración de la mujer como árbol o la dolorosa definición (“un padre se pone viejo/ se pone padre/ se acaba”) vinieron a resguardar los rincones de la lozanía espiritual, en tiempos de permanencia en aquel jardín habanero con árboles muy verdes, pero también repleto de risa alquilada, tiempo tirado por la borda y el río de ron amable para untar las manos un rato, que podía ahogar si uno permanecía en ese lago a jornada completa.

Más allá de mi testimonio personal y directo, En Almería casi nunca llueve es un cuaderno de poemas destinado a iluminar y acompañar. Parafraseando a nuestro gran poeta Eliseo Diego, ¿se puede decir algo mejor de un libro de versos?

Acompaña porque asume el amor desde lo cotidiano y a la vez lo insólito. Más que la mujer desnuda, que el arte no se cansará nunca de celebrar, o los arropamientos y disfraces que también cuentan con largo arraigo en la literatura, Díaz-Pimienta hace la salutación de la mujer en bata de casa, tan cerca del erotismo como del simple descanso o la ternura sin alardes. A la gente de a pie –como Alexis, como yo- nos gustan así, tan dispuestas a la caricia como al rápido arroz con pollo de los domingos y hasta capaz de permitirse recibir al amigo en ese íntimo y familiar atuendo. Las carencias traen dolores, pero también provechosas y sanas maneras de prescindir. Y la poesía de Alexis acompaña tanto porque es la voz del barrio, de la gente “sin lío” (como dirían en su Luyanó, o en el Diezmero de nuestros pasos comunes, que no quiere decir falta de conflicto, sino olvido del trámite superfluo, del vano protocolo); dan tanta compañía estas páginas como la que le pedía Rubén Darío a la Francisca Sánchez de su vejez adelantada y húmeda.

También iluminan y mucho estos poemas. Martí –una especie de padre ético y también literario de casi todos los cubanos- se refería de forma espléndida a esa abeja que roza la boca y entonces crece en el cuerpo del hombre, que duerme en cama de roca, nada menos que El Mundo. Mucho de esa vocación hay aquí. El poeta tiene en la muñeca el huso horario de la barriada, el sol que en Cuba se demora en marcharse; pero allá lejos, en otro puerto, en otro (¿o al final el mismo?) mar está su Natalia y se establece un juego entre la relatividad y, sobre todo, el sentido del tiempo, de cómo a la larga el amor destrona los relojes, las latitudes y todo lo que se le ponga por delante. Pero el poeta de En Almería casi nunca llueveno parece tomarse esa vieja verdad por el costado clásico del romanticismo de almanaque o el recital radiofónico; sí, la pasión y la insistencia de la pareja vencen, pero no sin combate con las diferencias culturales, con otras certezas y esas seis horas que no son sólo distancia, sino simulacro adelantado de vidas distintas.

Estamos ante un cuaderno que podríamos tildar de melancolía vigorosa. Pimienta –cantor él mismo, hombre de la música y el espectáculo- escucha en una remota playa española un mito del alma cubana. Y alcanza una síntesis, un sentido de la ironía dolorosa y el contrapunto que convierten a “Oyendo a Benny Moré en un lugar llamado Níjar”, en uno de los mejores poemas de nuestra lírica. Como en los grandes textos teatrales, se localizan aquí más que las palabras, el silencio y antes que las declaraciones verbales de principio, el ronquido de las monosílabos quebrados, el peso rotundo del silencio. El poeta dialoga con un fantasma, como Hamlet con su padre muerto, asiste –en un mundo en el que tal parece obligatorio vestirse igual y hacer cosas similares- al sagrado derecho de ponerse su música particular, de reservarse su mitología incambiable.

A nivel de lenguaje, el cuaderno es heredero de las ganancias de la rima y también, en otros momentos, de un desenfadado, recio y liviano a la vez, verso libre. A la rima le debe tanto el poeta como a su familia; juntando consonantes a velocidad de vértigo se ha ganado siempre desde el pan hasta las novias. Natalia – permanente y decisivo logro de su vida, centro y móvil de este poemario- está en el libro como si le esperara siempre de vuelta de los diez versos erizados de riesgos y variantes. Tal vez por esa misma sabiduría, por ese compromiso orgánico y hasta laboral con las palabras que “pegan” logre Alexis moverse tan bien en otros metros y hasta dejar momentáneamente al lado el sabor de la décima, la diestra orfebrería del soneto o esa prodigiosa habilidad para la seguidilla que lo han hecho tan popular en Cuba y otras plazas del mundo.

Los que hemos asistido al privilegio de ver una y otra vez al poeta repentista –o repentizador, creo que dirían en España- sabemos que, junto a otros pocos, ha dinamitado y ensanchado los límites de ese noble arte, del que es además uno de los (aún menos) esenciales teóricos. No es de extrañar el atrevimiento, la originalidad, el reto constante de estos textos escritos y sometidos a largo laboreo si el Pimienta improvisador se sumerge en metáforas inusuales dentro del tumulto instantáneo de una controversia cantada.

Se dice que el desamor suele producir mejores poemas que la plenitud serena del romance cumplido en cuerpo saludable y alma diáfana. Entre el tópico y la certeza se mueven los que aseguran que la felicidad es más para gozarla en vivo que para transmutarla en creación literaria. Alexis Díaz Pimienta ha sacado aquí provecho de la satisfacción carnal y la robusta ternura; de la sexualidad sin miedos de culpa ni morbo pueril; de la melancolía como forma de la reflexión que matiza y acompaña las mejores certezas.


Amado del Pino, dramaturgo y periodista.
Murcia y 20 de noviembre de 2009.



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AMADO DEL PINO: Teatrólogo, periodista y crítico teatral cubano. Entre otros reconocimientos ha recibido el Premio Virgilio Piñera con su obra El zapato sucio y, después el Premio José Antonio Ramos por Penumbra en el noveno cuarto.
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Un poema de En Almería casi nunca llueve:


CONFESIONES DE EDIPO


Acabas de parirme a la intemperie y lloviznando.
Me has parido hacia adentro. Virgo. ¿Virgo?
Súbito éxodo de la hoja de parra,
descrédito carnal a la inocencia.
Acabas de parirme a la intemperie y lloviznando.
Ahora yo soy tu hijo, tu vástago genético,
genufléxico, genital,
tu héroe lácteo y pudoroso.
Ahora puedo llorar
o simplemente orear mi risa de mármol disparejo.
Ahora puedo llorar
o hacer de equilibrista sobre mi tripa fálica.
Los nueve meses son puro eufemismo:
Se nace de un lunazo sobre la espalda húmeda,
de un sincretismo pélvico.
24 años en mi cápsula gris de oxígeno y minutos,
yendo hacia lo vegetal de nuestra especie
(puro papel y lacre, piel y lacre, lacre y sombras).
Nadie ha venido a traerte flores, ni a fotografiarnos;
a nadie importa éste, mi nacimiento verdadero.
Estamos solos en el primer día del mundo,
inaugurando iglesias, prostíbulos, jardines,
reivindicando la historia del hombre.
No nos importe la ventana abierta del señor

que usa lentes redondos.
No nos importe el reproche de las vírgenes viudas.
En este charco se equivocan oráculos y dioses,
ministros y astronautas, médicos y poetas.
En este charco los héroes lloran,
los curas se persignan sobre la portañuela,
los judíos se reinventan el prepucio.
Acabas de parirme a la intemperie y lloviznando.
Ahora todos tendrán de qué hablar cuando escampe.

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En Almería casi nunca llueve
Scripta Manent Ediciones
Colección Poesía, 78 páginas
Tienda de Scripta Manenthttp://www.chamaquili.com/la-tienda-de-scripta-manent-ediciones/#cc-m-product-5509236509


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