"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

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INSTRUCCIONES DEL SEXÓLOGO PARA SALVAR EL MATRIMONIO (DÉCIMAS QUEBRADAS)

Publicado por Alexis Díaz Pimienta el 4 octubre 2013 a las 9:14 pm

por Alexis Díaz Pimienta




PRIMERAS INSTRUCCIONES


Nunca hagas el amor
con las ventanas abiertas.
Ponle cerrojo a las puertas
y cortinas al pudor.
Nunca dejes que el sudor
de tu orgasmo
fertilice el entusiasmo
del vecino.
No seas su concubino
¡qué sarcasmo!

A cierta hora de la noche
las parejas
sueltan sus fiebres más viejas
en derroche,
hacen que se desabroche
lo inocente.
Y en cada cuarto de enfrente
tu vecino,
glosa en rito clandestino
lo que siente.

Solamente la madera,
el aluminio,
el portal del condominio,
la tronera,
la cortina majadera
y el dintel,
el alféizar, el cancel,
(corro ciego)
se quedan fuera del juego
de la piel.

Solamente la ventana,
la cortina,
la columna de la esquina,
la persiana,
el jarrón de porcelana
del rellano,
y el cerrojo cortesano
de la casa,
ignoran qué es lo que pasa
de antemano.

Se lo pierden las baldosas,
las vidrieras,
las jarras, las escaleras
(tan ruidosas)
El sexo inspira más cosas
que ocultarse.
Cuando el juego es desnudarse
a los antojos
es mejor cerrar los ojos
y olvidarse.

SEGUNDAS INSTRUCCIONES


Nunca hagas el amor
con las ventanas cerradas.
Las voces y las miradas
son mejores que el pudor
(el enemigo mayor
del deseo).
Nunca seas camafeo
del recato.
No te vuelvas un beato
maniqueo.


TERCERAS INSTRUCCIONES


Nunca hagas el amor
si notas que no hace falta.
Mucho menos si te asalta
el fantasma del temor.
Quédate en ropa interior
solamente.
Y deja que el viento cuente
lo que quiera.
Tu mano es tu verdadera
confidente.


CUARTAS INSTRUCCIONES

(Él)


Fúmate el labio inferior
de tu esposa.
Ábrele una dulce fosa
en tu interior.
Inocúlate su olor
en las venas.
Plánchale sábanas llenas
de recuerdos.
Bébete su seno izquierdo
mientras cenas.

(Ella)


Pon tu nombre en el ombligo
de tu esposo.
Ten un gesto sospechoso
con su amigo.
Siémbrate un campo de trigo
en la entrepierna.
Arrójalo a la cisterna
del jadeo.
Demuéstrale que el deseo
te gobierna.

(Ellos)


Háganse los que no saben
que están vivos.
Finjan mirones furtivos.
Cuando acaben
abrácense, no se laven,
no hablen nada.
Dejen la cama mojada
por las dudas
y las palabras desnudas
en la almohada.

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