"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

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SAM ASMISTEAD: ADIÓS AL MAESTRO Y AL AMIGO

Publicado por Alexis Díaz Pimienta el 12 agosto 2013 a las 4:16 pm




Ha muerto un grande, un maestro, un gran amigo: Samuel G. Armistead (1927-2013), hispanista, folclorista y medievalista estadounidense. Sam Armisead, como lo llamábamos quienes lo conocimos, fue una de las personas más sabias que he tratado, sabia en el sentido más amplio de la palabra "sabio". Un erudito entrañable. Durante muchos años fui "su alumno" sin él saberlo. Me leí cuanto ensayo o artículo del profesor Armistead cayó en mis manos, después de descubrir su interés por la improvisación poética y sus magníficos escritos sobre el tema. Había sido, durante décadas, un enjundioso hispanista y romancerista, y fue de los primeros que, tras "descubrir" la improvisación poética, dio el salto, y el carpetazo (casi equivalente a un golpe seco sobre la mesa) para que los académicos miraran con otros ojos a este "arte menor", tan preterido y pisoteado. Fue Armistead quien dijo por primera vez aquello de que la improvisación era "la Cenicienta", "la oveja negra" de los estudios sobre oralidad, y quien se encargó, solo con decirlo, de que la situación revirtiese. A él debemos mucho todos los amantes de la poesía en general, y de la improvisada en particular.

Nos conocimos en Belgrado, Rumanía, en un Congreso sobre tradiciones orales e improvisación que organizaron la Universidad de Belgrado y el Instituto Cervantes. Era, creo, el año 2006. Imaginen lo que supuso para mí estrechar la mano y estar largas horas de charla y aprendizaje (siempre aprendizaje) con el gran Sam Armistead. Creo que tuve la misma sensación que me hubiera embargado si me encentro una tarde, en una esquina cualquiera y de improviso, con Quevedo, o Vallejo, o Borges, o Martí, algunos de "mis santos". Pero Armistead era lo más lejano a un santo o a un divo académico que puedan imaginar. Parecía un abuelete, bonachón y contento. Parecía un abuelete disfrazado de pirata, con su parche legítimo y sus andares de Lobo de Mar, cansado pero sabio. Recuerdo que el grupo de congresistas avanzaba por las calles de Belgrado, y yo me quedaba detrás, con Sam, escoltándolo y escuchándolo, caminando a su ritmo. Siempre éramos los últimos en llegar al autobús. O al comedor. O a la sala de conferencias. Y se reía mucho. Era tan ocurrente que se reía de sus propias ocurrencias y de las de los otros. ¿Qué más puede pedirse? Al menos yo estaba deslumbrado con aquel sabio feliz disfrazado de pirata, que hablaba un español fluido entrecortada por carcajadas tímidas. 

Y lo mejor de todo, lo más grande, fue improvisar delante de él. Improvisar con Armistead delante fue lo más parecido a leer un poema delante de Vallejo o de Borges, o tocar el piano frente a Mozart: una locura hermosa, un acto tan temerario como alucinante. Me acompañaron en aquella aventura mis colegas Yeray Rodríguez y Emiliano Sardiñas, el músico José Luis Martín Teixé y el profesor Maximiano Trapero, como maestro de ceremonias. Había muchas grandes plumas de la investigación literaria entre aquel público, pero, sin duda, las mayores reacciones, risas y aplausos, fueron las de Armistead, feliz de estar viviendo, in situ, uno de los actos de creación poética espontánea que tanto había estudiado. Y nosotros felices. Su felicidad compartida, contagiosa, nos hacía felices. De aquella velada, y del aquel congreso en Belgrado quedaron fotos, textos, alguna grabación sonora. Pero para mí, para muchos, quedó el recuerdo indeleble de haber conocido a un sabio en vida, y de haber comprobado que la inteligencia y la bondad, la inteligencia y la humildad, la sabiduría y el don de gentes no siempre están reñidos.

¡Adiós, maestro! Seguiremos leyéndote.


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SAMUEL G. ARMISTEAD

Se doctoró en la Universidad de Princeton en 1955 en literatura española y filología románica. Enseñó en Princeton, en las Universidades de Pennsylvania, Purdue y la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Hasta su fallecimiento el 7 de agosto de 2013 fue profesor distinguido de literatura española en la Universidad de California, Davis. Los campos de investigación que le interesaron especialmente incluyen la lírica primitiva, la historiografía medieval, la dialectología hispánica, la épica castellana y el romancero viejo y tradicional. Realizó numerosas encuestas de campo sobre la literatura oral de las comunidades sefardíes de Marruecos y Oriente, además de comunidades en Portugal, Israel, y varios sitios en Estados Unidos. En 1957, inició un proyecto colaborativo para recoger, editar y estudiar, desde una perspectiva comparativa, este cuerpo masivo de literatura oral hispánica. Desde 1975 también realizó investigaciones de campo en las comunidades de habla hispana en Luisiana. Publicó ampliamente sobre su lenguaje y literatura oral. Estudió en especial el Romancero judeoespañol y morisco
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