"Uno de los mejores narradores cubanos de la hora presente"
(Juan Bonilla)

Del Blog de Díaz-Pimienta

mar
25
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 25 marzo 2021 a las 11:15 am


Por Leidys Hernández Lima




La temática del humor ha estado presente en todas las manifestaciones artísticas. La poesía, específicamente la décima, es un ejemplo de las diferentes variantes en las que se puede encontrar el humorismo, no siempre para reír, otras veces ha sido para reflexionar. 


En Cuba, existen desde hace mucho tiempo, expertos como Chanito Isidrón, Justo Vega, Adolfo Alfonso, Adolfo Martí o Rigoberto Rizo, Bernaldo Cárdenas, el Profesor Espinosa, otros más contemporáneos como Raúl Herrera, Emiliano Sardiñas, Julito Martínez, Tomasita Quiala, Miguel Herrera, y José Manuel Silverio, con este último ralitura Habana conversó para esta entrevista.


¿Silverio, cómo llegaste a la improvisación?


En realidad empecé a improvisar, lo que es improvisar de verdad, a los 19 años, pero desde los seis años ya decía décimas con un tío mío. Eso era todos los días, ¡décimas, aprendidas claro!


Luego me gradué de la segunda promoción de los seminarios de profesores de improvisación creados por Alexis Díaz Pimienta. Los talleres son la base de la tradición, de las raíces donde se nutre el presente y futuro de nuestra cultura.


¿Y al humor?


Mi aventura con el humor surgió de forma natural, yo no hacía humor desde el comienzoquizás porque soy una persona muy alegre finalmente terminé haciendo humorismo, aunque no dejo de hacer repentismo serio. 


A veces el propio público es quien define qué tipo de repentismo es el que harás, a mí me llevó por el humor. En los guateques me gusta cantar serio, al igual que en actividades importantes, pero ya en fiestas populares, en escenarios donde el público tenga el ánimo decaído, ahí lo que hago es humor. En Palmas y Caña yo comencé con el humor, y al final es lo que más he hecho”.


¿Se puede hacer humor serio?


Claro que sí, el mejor ejemplo es Bernardo Cárdenas, hacía un humor inteligente.


De lejos, con ojos de espectadoresse pudiera decir que existe cierto prejuicio hacia los repentistas humorísticos, ¿será verdad?


Claro que hay un prejuicio hacia los repentistas humorísticos, es como una enfermedad en los directivos de algunos lugares, creen que los humoristas no pueden cantar serio, y están muy equivocados. Los poetas que hacen repentismo serio en la mayoría de los casos no se comprometen a hacer humor, tal vez sea porque no lo llevan dentro, no les nace, a veces cuando algunos se atreven queda muy forzado. En una controversia entre un repentista serio y uno humorístico,  casi siempre el que hace humor sede al otro, rara vez terminan haciendo algo cómico.


La cantidad de oportunidades que tienen los que hacen repentismo serio o humorístico no son las mismas, a veces el humor se queda rezagado; un ejemplo es EmilianoSardiñas, que prácticamente no va a canturías serias, y eso es por el prejuicio porque piensan que el que ha hecho humor toda la vida en radio y televisión  no puede hacer otra cosa y hacerla bien.


Por lo general a los humoristas nos ponen de abridores en una canturía y el plato fuerte son los repentistas serios, pero a mí siempre me han dicho que nunca está escrito cuál controversia va a ser la mejor, si la primera o la última, eso depende del día de cada uno. La selección de las parejas siempre es en dependencia del criterio del que organiza la fiesta, claro que está vigente el prejuicio, siempre pasa igual.







¿Y te has quedado sin cantar por hacer humor?


Nunca me ha pasado que alguien no quiera cantar conmigo por el tema del humor.


Y los poetas “serios” ¿cómo ven el humor?


“Luis Quintana es un ejemplo a la inversa, es un repentista muy serio pero que hace décimas humorísticas escritas muy buenas. Sin embargo no improvisa temas humorísticos, prefiere permanecer en el estrato más serio, y eso que cuando las dice en su performance lo hace muy bien.


El humor en Cuba, de forma general, ha decaído en la forma de presentarse, en mucha ocasiones temas como el racismo, la homosexualidad, el  machismo, son recurrentes para hacer chistes fáciles, ¿ocurre igual en el repentismo?


Siempre hay que respetar al público, un ejemplo de eso es Chanito Isidrón, nunca arremetía contra el público sino que improvisaba a costilla de él mismo, se decía flaco, narizón…” 


Al que le guste el humor rimado, en décimas, ¿a dónde debe ir para disfrutar de los poetas?


No hay suficientes espacios para la promoción del repentismo humorístico, yo creo que estamos en extinciónpor el irrespeto que hay de forma general a la música campesinapor ejemplo en Villa Clara hay que luchar a capa y espada para que nos respeten un poco, hay veces que los dirigentes se dejan llevar por sus gustos, y si no les interesa pues se les olvida la tradición campesina.


¿Cuáles son los referentes del humor para Silverio?


Mis referentes dentro de la décima humorística son Chanito, Rizo, Bernaldito, el Profesor Espinosa, esos son los clásicos, y de los que hoy aún están activos me gusta Raúl Herrera y Emiliano Sardiñas. Raúl Herrera es al repentista más fuerte en el humor al que me he enfrentado, aunque Emiliano también es peligroso.


Recuerdo con agrado una controversia que hice con Emiliano en Amancio Rodríguez, en Las Tunas, se me ocurrió una redondilla que me garantizó todos los aplausos del público, le dije:


Déjate de jijijí,

de trucos y de maraña

que aquí lo que se da es caña

no plátano ni maní.


Yo aprendí que hay que tener el termómetro del lugar donde estás, hay que saber cuándo hacer un corto circuito y sacar chispa o seguir en algo serio.


¿Cuál es mayor deseo de Silverio como poeta?


Que se acaben los prejuicios, que nos entiendan y que nos dejen entrar más en los guateques importantes. Que viva el repentismo, que viva la décima humorística, que viva la tradición”.


oct
27
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 27 octubre 2020 a las 11:45 am
YUCA CON MOJO “A LO PIMIENTA”… Ayer cumplí uno de mis sueños: cocinar en televisión. Mi pasión por la cocina (mi familia lo sabe) es tan antigua y profunda como la pasión por la literatura y el repentismo. Mi padre era repentista y cocinero. Y por si faltaba poco, mi apellido materno es “Pimienta”. Por lo tanto, la cocina, el cocinar, es uno de mis placeres domésticos. Entonces, ¿se imaginan mezclar cocina y décima? Ayer lo hice en la TV de Cádiz. Por cierto, esta provincia cada vez me da más alegrías (el ciclo “Canciones con Pimienta en el Pay-Pay, el pregón con Sabina en su Carnaval, este programa televisivo). ¡Volveré, pisha!
ago
17
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 17 agosto 2020 a las 12:28 pm
NOS HAN DESORDENADO EL ALMANAQUE 
Las lágrimas ahora entran en los ojos en vez de salir
y el piano es el mejor amigo del hombre
(entre el miedo a ver fotos 
y el coro se felices). 
Este año, olvídenlo. 
Bórrenlo.
Que nazcan de nuevo los niños que han venido al mundo. 
Que mueran otra vez sus víctimas.
Dijeron que el llanto era provisional.
Que nadie volvería a ser ingrávido. 
Pero era falso 
Cuando pasen cien año 
los libros no dirán nada del que fuma a escondidas
ni del cantante al que hoy aplauden multitudes. 
Me preocupan los árboles, eso sí. 
Me preocupan los mendigos sin hijos. 
Este año no llorar es delito 
pero deberían racionar las lagrimas. 
Díez por pómulo. 
Díez por minuto. 
Díez por canción. 
Díez por contacto telefónico. 
Díez por animal doméstico perdido. 
No olvidemos que el 10% del líquido corporal es llanto. 
Hoy he sido egoísta.
Todos somos egoístas alguna vez 
pero hoy yo he sido el doble. 
He puesto una canción
y he llorado por varios.
Por mi madre primero.
Por mi novia secreta después.
Por la madre de mis amigos luego.
Por la novia secreta de mis enemigos.
Si me descubren
estoy muerto.
Por suerte las lágrimas ya no salen de los ojos, entran.
Y ahora camino como un globo lleno de agua.
¿Han visto alguna vez un globo lleno de agua?
Camino y sueno como un globo y todos se dan cuenta.
Qué vergüenza.
Este año nadie debe llorar así.
La gente necesita pan.
La gente necesita oxígeno.
La gente necesita luz,
no lágrimas.
Nos han desordenado el almanaque.
Nos han puesto los días boca abajo
y el sol patas arriba.
El mediodía empieza cuando muere la luz
y los niños desayunan con la luna en la mesa.
Mi vecina de enfrente
teje cebollas en el balcón
mientras todos los relojes de nuestra calle ladran a la vez.
No le guarden rencor al que enterró a su padre
sin poder besarlo.
No le guarden rencor al que estornuda sin tocarse la nariz.
No le guarden rencor a la formica sucia.
Son tiempos complicados para todos. 
Un periodista tose por televisión.
Un sanitario llora.
Un político mea en prime time
y se queda político.
Han cerrado los bares, sí 
y nadie sabe qué hacer con tanta sed. 
Hoy ha entrado en vigor,
por fin, la desesperación.
Alexis Díaz-Pimienta. 
Almería,
17 de agosto de 2020 
……………………… 
(Un poema de mi libro IPHOEMAS) 
mar
02
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 2 marzo 2020 a las 8:29 pm
Por Alex Díaz Hernández




Quince horas de viaje por carretera no pesan cuando tienes un objetivo. Lo primero que hice al llegar a Santiago de Cuba fue tocar las paredes del cuartel Moncada y revivir la historia que cuentan esos pasillos. Un cuartel convertido hoy en la escuela 26 de Julio, con cinco escuelas primarias y una secundaria.

Era mi primer viaje a la tierra caliente y ya desde La Habana había intentado localizar a repentistas en la oriental provincia,sin embargolos resultados fueron fallidos. Había algunos indicios sueltos, pero no concretos.

Después de ver el Moncada lo único que pasaba por mi mente era hallar improvisadores poéticos en Santiago.

El son, el cementerio de Santa Ifigenia, los museos, la vieja trova, la Plaza de Marte, el prú (bebida realizada con la fermentación de raíces), la Catedral, la música en la calle, el calor, todo esto es allá una mezcla única, irrepetible en cualquier otra parte de Cuba y, posiblemente, del mundo.

Los amigos santiagueros que ya conocía y los otros que acababa de conocer eran mi única esperanza para encontrar decimistas.

***

Y claro que hay repentistas en Santiago. El segundo día ya teníamos la ubicación de un señor muy mayor de edad que cantaba décimas. El periodista Jorge Albear localizó a Osvaldo Carralero, un hombre que fue por 23 años escolta de Raúl Castro, que nació en Holguín, pero solo hasta llegar a Santiago de Cuba empezó a improvisar espinelas. Dice que un día escuchó un laúd y unas tonadas y desde ese día no ha parado de cantar.

Carralero se siente cansado de luchar por la décima en su tierra adoptiva, sin resultado alguno. “Aquí la décima está caída, la tenemos viva nosotros, no hay ningún interés”. Mientras nos cuenta esto hace pequeñas pausas. Levanta la voz para decir que inició un taller de repentismo, pero vuelve a disminuir la entonación con tristeza. “Vinieron tres poetas de La Habana, me dieron un mínimo-técnico, me dieron un libro y empecé con los niños”.  Sus alumnos solo pudieron disfrutar lo lúdico de sus clases por varios meses. Carralero se sentía desamparado, sin apoyo, y tuvo que dejar el taller.

Cuando habla, las pausas desesperan, pero lo escucho tranquilamente. Osvaldo cambia el sentido de la conversación, una y otra vez me obliga a empatar una historia con otra usando la imaginación. De pronto recita décimas aprendidas de diferentes temas: la patria, el comandante, su esposa; recita y me mira fijamente, como esperando que por cada verso impactante yo reaccione. Y así lo hago.

***

Entre la majestuosa Catedral y el hotel Casa Granda está la Biblioteca Elvira Cape. Hasta allí nos llevó Carralero, con paso apurado. A Carralero lo conoce mucha gente, lo saludan, lo llaman “poeta”. Anteriormente nos había comentado sobre una peña de repentismo que tenía en la céntrica biblioteca Elvira Cape y nosotros estábamos contentísimos, no solo habíamos descubierto a un poeta, sino también una peña de repentismo en Santiago de Cuba.

Frente a la biblioteca estaba la casa natal del más grande poeta santiaguero de todos los tiempos: José María Heredia.Allí esperábamos a Carralero cuando muy apenado salió y nos dijo que no sabía por qué no había nadie esperando que comenzara la actividad.Entonces salió en busca de los músicos y los poetas de la peña.

En la biblioteca, la verdad, ambiente “de peña” no había. La sala estaba vacía completamente. La recepcionista nos miraba con rareza, pero cuando apareció Carralero con el laudista el salón pareció llenarse; él le impregnaba una calidez increíble al momento. Nos contó que no había encontrado a su contrincante, pero me invitó a que improvisáramos unas décimas. ¡Y claro que cantamos!

El laudista, Eligio Rodríguez, es un músico empírico que aprendió a tocar su instrumento de oído.“Yo me iba con mi hermano para los lugares donde ellos iban a tocar, me situaba al lado del que tocaba el laúd o la guitarra, me ponía a mirar y toda la música esa se me grababa en la mente.Cuando llegaba a la casa y mi hermano se iba para el trabajo, yo le cogía la guitarra y me ponía a buscarle afinaciones. Y así fue como comencé”. 

A Eligio había que mirarlo fijamente para poder entender lo que decía, porque hablaba rápido, enredado. Él siempre acompaña a Carralero a todas sus actividades con su laúd al hombro; era una suerte de escudero. 

“Yo siempre toco solo, no hemos tenido la dicha de encontrar un guitarrista que nos acompañe”, aclaró,casi murmurando, como si la nostalgia de no haber tenido una guitarra lo invadiera de repente.Carralero le dice que saque el instrumento, que ya es hora de hacer sonar las cuerdas. Eligio, sin pensarlo dos veces, empieza a tocar la tonada Carvajal, en do menor. Nos dimos cuenta de que al poeta le gustaba mucho improvisar por esa tonada. Carralero, serio, sereno,comenzó a cantar: 

Viste sus mejores galas

la décima campesina.

Hizo una pausa, miró al laudista, que no dejó de tocar, repitió los dos primeros versos y continuó:

Fácil, sutil golondrina

que alegre bate sus alas.

Hay otra pausa intencional, para que la melodía tomara el protagonismo del momento, y prosiguió:

Anda todas las escalas

del programa musical.

Nueva pausa pequeña y remate del poeta:

Como el fresco manantial

que me cubre cada poro

para brindar con decoro

la actividad cultural.

Yo intento seguir cantando por la tonada Carvajal y complacerlo con unas décimas. Lo miro fijamente,e improviso respetando todas las pausas que obliga la melodiosa tonada:

Si estuvieras en La Habana

yo dentro de ti me integro

y te pongo el pelo negro

aunque afuera sean canas.

Convierto en años semanas

y te hago una canturía.

Y cuando pase ese día

verás cómo siendo un mago

entre La Habana y Santiago

achico la lejanía.

Cuando llevábamos diez minutos cantando, Carralero, mi equipo de trabajo, el periodista Jorge Albear, el laudista y la recepcionista, miraron llegar a un hombre vestido de guayabera y con sombrero, que rápidamente se posicionó en el supuesto escenario del salón.Supuse que era el otro poeta,hasta queél interrumpió y dijo con una tonada libre en do mayor:

                            En un grano de maíz

                            se forjó su vida entera

La voz del poeta retumbó en el eco de la sala, una voz fuerte, segura y afinada. Después del interludio musical repitió los dos primeros versos y continuó:

para dejar la cantera

de jóvenes al país.

Hizo una pequeña pausa donde recorrió con los ojos a los presentes y concluyó:

Del Caguairán su raíz

va creciendo a cada instante

y este país tan gigante

que le entregó el corazón

aclama con gran razón:

gloria eterna, Comandante. 

Una vez que el poeta iba por el verso ocho (“que le entregó el corazón”) repentinamente un sonido se apoderó de la sala, de la zona, de nosotros. El Himno Nacional cubano se escuchaba y no sabíamos de dónde venía. Carralero y el poeta se pararon en firme, automáticamente, y mandaron con un gesto fuerte al laudista a parar el instrumento. Nosotros nos paralizamos también, hasta que dejaron de sonar las notas del himno. Después de unos segundos de silencio volvió otro sonido a rebotar por las paredes de la biblioteca. Parecía que nos habíamos trasladado de pronto a un concierto de la Sinfónica Nacional de Cuba. Todos nos miramos sorprendidos y los poetas intentaron hacer una décima entre los dos, de despedida, pero a duras penas alcanzamos a oír lo que cantaban. Al terminar su décima, Carralero me presentó a Raúl Rondón, su compañero de escena. No dije nada, pero pensé: “vaya, se llama igual que el famoso tonadista, Raúl Rondón, El bardo camagüeyano”, pareja radiofónica del Jilguero de Cienfuegos en los años 70 y 80, según cuenta mi padre.

Nos abrazamos entre notas musicales. El sonido sinfónico era tan fuerte que era mejor salir a ver qué es lo que estaba  pasando. En la entrada de la biblioteca había en la calle unos 30 músicos de la Banda Municipal de Conciertos de Santiago de Cuba, tocando. Sorprendidos, comenzamos a hacer fotos. Definitivamente, hay cosas que solo se ven en Santiago.

***

Encontrar grupos de son, boleristas o cantautores es muy fácil en esta tierra tan musical, pero grupos de música campesina hay pocos. Eso me contó José Mendoza, metodólogo de música del Centro Provincial de Casas de Cultura y director de uno de los grupos santiagueros de música campesina. Mendoza cuenta con orgullo haber dirigido el grupo Trinchera Agraria, y compartido escenario con el reconocido músico cubano Eliades Ochoa, además de tocar por ocho años en el grupo Curujey, y ahora liderar el grupo Son del Batey.Asegura que hay muy pocos repentistas en Santiago, pero que existen, sobre todo en los municipios de los alrededores, como Segundo Frente o San Luis.En su grupo improvisó por varios años Osvaldo Carralero; ahora cuenta con dos intérpretes que dominan varias tonadas y son quienes mantienen viva la décima dentro del grupo.“Carralero estuvo trabajando con nosotros mientras existía la agrupación Curujey. En el 2006 dejamos de funcionar y ahí surge Son del Batey y retomamos otra vez a Carralero. Ya el poeta estaba un poco mayor y decidimos hacer las tonadas con nuestra cantante”. El metodólogo y director de orquesta asegura que la música campesina en Santiago está viva; sin embargo, el panorama que encontramos fue otro.

***

No podía despedirme de Santiago sin ver nuevamente a Rondón y a Carralero, y ellos estaban más contentos y ansiosos que yo, incluso, habían prometido avisarle a los otros repentistas que estaban en la zona. Mencionaron al Sinsonte Cobrero(Antonio Rpdríguez, Ñiquito, un poeta que vivía por El Cobre). Habíamos quedado para vernos en el centro de la ciudad, para conversar un poco y cantaralgunas décimas.

El encuentro fue hermoso, hacía mucho tiempo estos poetas repentistas no coincidían con sus homólogos. Después de un rato de espera, el Cobrero nunca llegó, y decidimos caminar en busca de un lugar tranquilo para poder cantar. Mientras desandábamos la calle Enramada, recordaba la popular avenida de Obispo en La Habana, con la diferencia de que en Santiago la gran mayoría de los transeúntes son cubanos.

Carralero y Rondón me llevaron a la Casa del Ron y allí Eligio Rodríguez desenvainó su instrumento y, sin esperar mucho tiempo, los versos empezaron a caer.Yo escuchaba y grababa, escuchaba y reía, escuchaba y me sentía feliz de haber encontrado a estos dos personajes.

Dijo Carralero con desenfado:

Levantemos la cultura

en la tierra santiaguera

llevando como bandera

que se mantenga su altura.

Con una base tan pura

de los improvisadores.

Dignos y merecedores

del verso culto y bien hecho,

llevando en su propio pecho

que no se pierdan valores.

Rondón deja que sueñe el laúd, esboza una sonrisa y tras la pausa instrumental dice:

Alex, junto a tus dos flores

has venido hasta Santiago…

Dejó que el instrumento insinuara unas notas, pero arrebató el sonido rápidamente, repitió los dos versos primeros y terminó la redondilla:

…y hoy te brindo un halago,

pues mantienes tus honores.

Volvió a esperar que el instrumento sonara, pensó por unos segundos y por fin cantó:

Cambiarás esos colores

en la décima cubana.

Hizo una pequeña pausa en el puente y continuó:

Y el futuro del mañana

en Santiago se verá

porque hasta aquí nos traerá

la vida más cotidiana.

Se sentía el aplauso tímido del cantinero, nuestro único público. Los poetas estuvieron cantando un buen rato y después recitaron décimas y pie forzados que querían que nos lleváramos grabados.Para terminar propusieron hacer unos piropos a las periodistas del equipo de trabajo de Oralitura Habana:Leidys Hernández y Vanessa Castro. Aplausos, abrazos y risas matizaron nuestro encuentro.    

***

Entonces… ¿qué pasa en Santiago de Cuba con el repentismo? La décima floreció en el occidente cubano.“Desde la segunda mitad del XVI comienza desde Canarias la emigración masiva, mediante grupos familiares. Esto permite habilitar las tierras de labor para el cultivo intenso y diverso(…) En esta diversificación agrícola tiene gran importancia el cultivo del tabaco, pero los latifundistas ganaderos hacen mucha presión para que dicho cultivo no se haga en tierras cercanas a la ciudad”. (Linares, María Teresa. El punto cubano, 1999).

En los alrededores de La Habana se asentaron los canarios, que trajeron a esta tierra la décima oral improvisada. Por esa razón prosperó con más fuerza en esta región y en menor medida en Santiago y el oriente en general. Una mención aparte merece Las Tunas,que tuvo en el siglo XIX la figura de El Cucalambé (poeta y decimista, no repentista), y en la que se realiza cada año uno de los eventos más importantes del repentismo en Cuba: la Jornada Cucalambeana, que ya tiene 52 ediciones.

De Santiago de Cuba fue el importante repentista Rafael García, conocido como el León de Madruga, tierra del occidente cubano en dónde se desarrolló como improvisador.También santiaguero es el mediático repentista Emiliano Sardiñas, actualmente residente en la capital cubana y del municipio Banes, Holguín es la Ciega Maravillosa, Tomasita Quiala.

En Santiago se realizan varios de los festivales más importantes del país, como el Festival del Caribe, la Fiesta del Fuego y el Festival de la Trova.En estos eventos hay muy poca presencia de repentistas. Tengo conocimiento de que también se realizan las fiestas campesinas del Platanal de Bartolo, en el municipio San Luis, adonde ha sido invitado en disímiles ocasionesEmiliano, el Poeta de la Mochila.

Hay que incidir más en estos eventos, nutrir más las fiestas campesinas con repentistas profesionales pero, sobre todo, aumentar la participación en espectáculos que no tengan nada que ver con la décima, lo que demuestra lo dúctil que puede ser y de esta forma  llegarle a un público nuevo y desconocedor del fenómeno del repentismo.

El abrazo de despedida con Osvaldo Carralero sabía a compromiso, a promesa, a esperanza. Irnos de Santiago significaba regresar y hacer posible el sueño de los pocos poetas de esa zona. Crear talleres de repentismo y acompañamiento musical, conferencias en torno al Punto Cubano, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y espectáculos tradicionales y contemporáneos donde la décima oral improvisada esté presente. Ese es el reto.



VÍDEO:
REPENTISMO EN SANTIAGO DE CUBA.
DEL MITO A LA REALIDAD.
ago
18
Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 18 agosto 2018 a las 5:02 pm


Acabo se encontrar, en mi disco duro, el texto de presentación que escribió y leyó el mexicano Frino (músico, poeta, profesor) en diciembre de 2014 para presentar mi libro Teoría de la improvisación poética en México. Y me ha emocionado volver a leerlo. Espero que ustedes también lo disfruten.


por Frino 
El arte de la improvisación poética  —conocido entre los especialistas como “repentismo”—, se practica hoy a lo largo y lo ancho de América Latina bajo las más diversas formas. Ingrediente indispensable en muchas tradiciones musicales como las “topadas” del huapango arribeño, los “fandangos” jarochos o el punto cubano, el repentismo se sitúa a medio camino entre la poesía y el canto: sus versos no son literatura ni son canción por completo, aunque comparta elementos de ambos mundos. La improvisación poética es un arte oral, más para ser escuchado en vivo que para leerse, y se presenta como un performance efímero e irrepetible. Prestidigitación verbal, los repentistas no revelan nunca los secretos de su arte: por el contrario, a donde van, llevan consigo un halo de misterio y con frecuencia son vistos como seres tocados por un don divino. Un don que no se escoge, sino con el que se nace y que se ejerce así, desde el cotidiano acto del habla. Ante el sorprendido público, más que poetas, los repentistas son magos.

Según las estadísticas, una de cada trece personas en el mundo habla español.[1] En este contexto, el estudio de prácticas culturales como el repentismo no puede ser un asunto menor. Los versos improvisados representan un patrimonio cultural inmaterial que ofrecen materia de estudio no sólo para la etnomusicología o la linguística. Como bien apunta Guillermo Sheridan:

En las canciones, refranes, romances y estribillos se aprecia la fuerza de la lírica integral y genitora que un pueblo convierte en recurso cotidiano de su fe y de su trabajo, de su solaz y de su deseo, de su realidad y de sus sueños, la fuerza de sus percepciones y sus voliciones, la de su humor y su ternura, la de sus principios y sus prejuicios, la de su moral y sus apetitos.[2]

En este sentido, las culturas populares, y muy particularmente las vinculadas con el canto y la palabra, pueden convertirse en el ancla que los pueblos puedan hallar para no verse fácilmente arrastrados por la marea de la globalización. Las tradiciones arraigadas en el idioma proporcionan al hombre una manera de estar con conciencia en el mundo moderno, dotándole de identidad.

            Si algo comparten las distintas regiones del continente latinoamericano, eso es el idioma. Pero en el idioma residen también muchas de nuestras diferencias internas. “Me siento privilegiado de haber nacido en el castellano”, declaraba el recién fallecido poeta Juan Gelman. Porque la patria es la lengua: del Barrio Latino en Manhattan a las calles de Montevideo, el idioma español es un punto de contacto que permite construir y reelaborar las distintas identidades de “los latinoamericanos”. Payadores argentinos y uruguayos, copleros jarochos, poetas y juglares de la Sierra Gorda, repentistas cubanos y freestylers puertorriqueños o freestylers diseminados por el continente, todos pertenecen a tradiciones líricas que comparten el uso de la palabra y la improvisación como fundamento de sus prácticas musicales. Ya sea planteadas como continuidades o como rupturas, estas tradiciones forman parte de un diálogo que inició hace cinco siglos, cuando en nuestro suelo se arraigaron las prácticas líricas y musicales que llegaron con los conquistadores. Junto con los versos alejandrinos, los endecasílabos, las seguidillas, las silvas y las décimas espinelas, llegaron las arpas, las vihuelas y los violines que hoy sobreviven en nuestras músicas tradicionales. Tres siglos bastaron para incubar nuestras propias variantes del idioma. Al cabo de ese tiempo, a la manera de Calibán, hicimos del idioma la magia que nos permitió liberarnos. Vino entonces la emancipación política de los países latinoamericanos y el surgimiento de la corriente estética conocida como modernismo, y América comenzó a trazar su propio derrotero en cuestiones líricas: llegaron López Velarde, Rubén Darío, José Martí y Manuel Gutiérrez Nájera a levantar la voz del continente. Pero fue una voz que se alzó desde la tinta de los periódicos y los libros; la voz culta de la academia y el parnaso. Otra vertiente, menos académica, quedó resguardada en las prácticas musicales de la América recién emancipada. En los cantos campesinos, siguieron vivos los acentos de la lengua en los endecasílabos, las seguidillas, las décimas y los romances. Y entre esas prácticas, en las topadas, las payadas y los fandangos, quedó latente la práctica del repentismo. Sin embargo, después de la conformación de la América moderna, el repentismo fue para el mundo culto sólo objeto de estudio desde fuera, un arte exótico cultivado desde la barbarie del arte popular.

            Fue en diciembre de 1992 que, con el Festival de la Décima organizado en Las Palmas de Gran Canaria, comenzaría a reducirse la brecha entre ambos mundos. Aquel encuentro sería el detonante para que, seis años después, viera la luz la primera edición de “Teoría de la Improvisación Poética”: un libro nuevo en el pleno sentido de la palabra, diría el filólogo Maximiano Trapero. Porque aunque mucho se había escrito sobre las formas estróficas, casi nada se había escrito sobre el arte de la improvisación poética. Existía un hueco tremendo al respecto en los estudios del idioma. Sólo alguien que fuese a la vez practicante del repentismo e investigador tenaz podía encargarse de tal empresa. Ese alguien fue Alexis Díaz Pimienta. Nadie le encomendó la tarea, sino él mismo, en un esfuerzo por comprender su propia historia. Su vida entera, aún en los momentos del ron y el festejo, está volcada sobre la poesía. La mayoría de la gente mide el día por minutos, pero Pimienta no. Pimienta no puede ir a dormir si no ha cumplido con los 500 hexadecasílabos y los 240 endecasílabos que le exige su reloj interno. Él, igual que don Guillermo Velázquez, es un hombre del Siglo de Oro. Mide el mundo en versos.

            Cuarenta y siete años ha tomado a Alexis escribir este libro, es decir, toda su vida. Porque un libro no empieza a escribirse en el momento que se toma el lápiz o se prende la computadora con la decidida convicción de redactarlo. Un libro empieza a escribirse a partir de la experiencia, y la experiencia poética de Alexis inició antes de conocer la cuna. No es éste, por supuesto, su único libro: una decena de Chamaquilis (y otros tantos inéditos) circulan por América y Europa. Novelas, múltiples poemarios y hasta una versión del Quijote en verso se cuentan entre los frutos de este prolífico ciudadano del idioma. Pero “Teoría de la Improvisación Poética” es más que un libro, es la confesión del mago. Porque en este libro, Alexis revela los secretos de su arte. No es un acto de traición al gremio, sino un esfuerzo por reivindicar la oralidad. Las 863 páginas de este libro están encaminadas a hacer del repentismo una disciplina en servicio del crecimiento humano. Porque Alexis sabe que el verdadero protagonista en las topadas, las payadas y los fandangos no son los improvisadores, sino el idioma. Pero no el culterano idioma que bosteza en el diccionario, sino el idioma como palabra que un hombre pronuncia para que otro escuche y responda.

            En este sentido, quiero destacar la entraña rebelde y contestataria de “Teoría de la improvisación poética”. Con Rubén Mendieta y Paty Galván de ediciones Del Lirio, Alexis ha encontrado dos cómplices para armar su propia Sierra Maestra. ¿Qué otra cosa, si no una Revolución, puede significar un libro sobre versificación oral en los tiempos del Twitter y el Whatsapp? Practicar el verso cara a cara, voz a voz, es desafiar a la actual inercia tecnológica y ampliar nuestra capacidad de diálogo. Porque cada décima que se añade al repertorio es un argumento a favor del gran diálogo humano. No me refiero a la charla trivial, sino a ese diálogo que nos construye y sustenta lo que somos. “Ningún hombre es mejor que su conversación”, solía decir mi abuela. Hablemos pues, y escuchemos. 

La décima es tradición

es pasado y es presente

es futuro incandescente

es cerebro y corazón.

Es poema y es canción

es águila y colibrí

es lejanía, es aquí,

siglo veintiuno y dieciocho

es huapango y son jarocho

es Quevedo y Naborí.

Voz de nuestro continente

es porvenir, es memoria,

es proyecto y es historia

es una caricia urgente.

Antropología vigente

vieja posmodernidad

la décima es nuestra edad

es solsticio y luna llena

y estrofa que nos condena

a cantar en libertad.

La décima es nuestra voz

es Martí y Violeta Parra

es teponaztli, es guitarra,

violín, jarana y bongós.

Es el martillo y la oz

es realidad y utopía

poética plusvalía

es respuesta y es pregunta

y las décimas, todas juntas,

son nuestra autobiografía.

La décima es alfabeto

es afrenta y es halago

es la rebelión del mago

revelando su secreto.

Es adobe y es concreto

es calma chicha y tormenta

es oralidad e imprenta

fiesta de amigos cercanos

y un nuevo libro en las manos

de Alexis Díaz Pimienta

Frino

Museo del Estanquillo, México DF.

12 abril de 2014






[1] Según un informe del 2013 del Instituto Cervantes, hay 528 millones de hablantes de español, incluyendo hablantes con competencia limitada, o aprendices de la lengua.

[2] Guillermo Sheridan, Corpus de la antigua lírica popular hispánica (siglos XV a XVII). Homenaje a Margit Frenk. José Amezcua y Evodio Escalante, editores. Universidad Nacional Autónoma de México/ Universidad Autónoma Metropolitana, México, 1989. Pp.77

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Añadido por Alexis Díaz Pimienta el 5 agosto 2018 a las 11:51 am
por Alexis Díaz-Pimienta


Julito Martínez conversando con Canal Oralitura vía telefónica.
Ha fallecido en Cuba Julito Martínez, para mí uno de los más versátiles y carismáticos repentistas de su generación (la primera promoción post-naboriana), quizá solo superado en versatilidad y carisma por Manolito Soriano y Asael Díaz Candelita. Lo conocía y canté con él desde que yo era un niño, cuando Julito vivía en La Habana. Era un hombre altísimo y fuerte, de ahí que al final asumiera el seudónimo de El Gigante de Pipián, pueblo del que era oriundo. Recuerdo sobre todo una controversia que hice con él en la mítica trova de Guamacaro, en Lawton, cuando yo tenía 11 o 12 años (1978-79). El tema era “la luna”, y estuvimos casi una hora entrelazando metáforas y otros recursos literarios sobre “la novia de los poetas”, el único verso mío que recuerdo. De esta controversia me habló durante años mi amigo José Antonio Roche, porque allí me conoció, él entre el público, vestido de verde (Servicio Militar) asombrado de aquel duelo poético entre un gigante y un preadolescente negrito y flaquito (así lo cuenta). Él nunca la olvidó, y creo que yo tampoco en parte gracias a él. El caso es que en aquella época (1978, 79, 80…) Julito Martinez era considerado, junto a Monguito Alfonso, Ramoncito Martínez y el Indio Taíno, uno de los mejores repentistas aficionados de Cuba, a los que se les llamada “aficionados” solo porque no cobraban por cantar, no vivían del canto como los “profesionales”. Julito Martínez era de los pocos que podían cantar de tú a tú con poetas profesionales de la talla de Chanchito Pereira o Efraín Riverón, sin que se notara la diferencia.

Pero hubo dos Julitos, esa es la verdad. Del mismo modo que hubo tres Picasso (el de la etapa azul, el de la etapa Rosa y el de la etapa Negra) y dos Góngoras (el de las letrillas y el de Las soledades), podemos decir que hubo dos Julitos: el de La Habana y el de Matanzas, y no solo por el cambio de provincias en las que vivió, sino porque este cambio significó (o determinó) un cambio significativo en su obra, en su estilo. El Julito de La Habana no era tan versátil. Era un poeta serio, centrado en el lenguaje, metaforista, naboriano, con una personalidad imponente dentro y fuera del escenario. Así lo recuerdo. Cantar con él o sentarse a escucharlo era una fiesta de la inteligencia. A su facilidad improvisadora había que sumarle una técnica impecable, y una puesta en escena sobria, comedida, que hacía que el público se centrara en sus versos y no en otras cosas. Sin embargo, el Julito de Matanzas fue otro. Recuerdo que su mudanza matancera prácticamente coincidió con la mía (1984-1985), de modo que coincidíamos mucho en la carretera, y en casa de amigos entrañables (la familia de Martos Lorenzo, por ejemplo) y que nuestras novias de entonces se volvieron las madres de nuestros hijos a la vez (mi hijo Axel y su hijo Lázaro se llevan solamente 1 día de diferencia). Pero el Julito de Matanzas, en tanto repentista, poco a poco fue mutando, se fue volviendo otro Julito. Sin renunciar a la buena décima, al buen canto, a la buena puesta en escena (era un actor en ciernes, como casi todos, aunque no lo saben), fue surgiendo el Julito versátil y carismático que ha sido hasta el final, fue asumiéndose actor, fue incorporando el humor a sus décimas improvisadas o recitadas (en el otro Julito el humor era prácticamente nulo, era un “poeta serio”, como mandaba el “libro de estilo” pereiriano-naboriano). Comenzó entonces a ejercer de maestro de ceremonias en los espectáculos. Ya no solo era el gran repentista (ágil, rápido, seguro, ingenioso, metaforista) sino que ahora era también capaz de conducir un espectáculo (sustituyendo la labor que hacía en Matanzas Bonifacio Menéndez, por ejemplo), y era capaz de protagonizar controversias humorísticas, y eran casi dos metros de poeta carismático sobre el escenario, con sus manos enormes y sus grandes brazos reorganizando el espacio escénico, comunicando el doble o el triple que sus compañeros de reparto.

Así era Julito Martínez, el gran repentista cubano al que todos lloran hoy. A todos ha sorprendido su muerte, y todos dicen que era un maestro y una leyenda viva. ¿Ahora es una leyenda muerta? Digamos que no: la esencia de ser leyenda es el pacto con la eternidad, lo de leyenda viva es un epíteto laudatorio, redundante en su esencia. Julito Martínez es, junto a Chanchito Pereita, Asael Díaz Candelita, Jesús Tuto García, Manolito García, Ernesto Ramírez, Rafael García, Gerardo Inda, Ramoncito Martinez, el olvidado José Miguel Bello, el más olvidado José Luis Guerra (Guerrita), Evandelio Tejera, Manolito Soriano, Efrain Reveron Arguelles y algunos más, la vanguardia repentista de la primera promoción post-naboriana, uno de sus abanderados y adelantados, un maestro.

¿Sus huellas e influencias? No tengo claro que Julito Martínez haya dejado una huella estilística que cree epigonías entre las nuevas generaciones. Creo que deja grandes admiradores, pero no así seguidores de su estilo. En esto influye que no fue un repentista mediático, televisivo a nivel nacional, sino que su obra es conocida solo en el mundo de los repentistas, y mucho más en Matanzas y Mayabeque que en el resto del país.

¿Su mayor legado? Creo que Julito Martínez era un ejemplo insondable de profesionalidad, dentro y fuera del escenario, y que, aunque no lo sepan o lo crean, ha marcado el camino hacia lo que debe ser y hacer un repentista del siglo XXI: la versatilidad escénica. Ya no basta con ser “poeta-serio”, hay que ser capaz de ser “poeta-actor” y desdoblarse como si Stanislasky estuviera entre el público haciendo un casting para un próximo guateque: tener capacidad para “soñar” cuando haga falta, y capacidad para hacer reír, y capacidad para comunicar más allá de los versos, para usar bien el lenguaje gestual, para ser rápidos, para ser lentos, para ser diáfanos y claros, para ser profundos y hasta abstractos. Eso fue, eso es, Julito Martínez, el Gigante de Pipián, un hombretón con risa de adolescente pícaro, una mezcla sublime de Naborí y Germán Pinelli, un hombre culto en su empirismo y su autodidactismo (como casi todos los repentistas, su obra creció bajo el influjo de los poetas románticos y post-románticos, fundamentalmente), un decimista, un repentista, un sonetista, un buen romancerista, un humorista en verso… Es decir, un poeta tradicional de estirpe clásica y un actor en potencia, como todos.

¿Mis mejores momentos con él? La controversia sobre la luna que ya cité (1978 o 79) y nuestra controversia en el Casino Español de San Antonio de los Baños, en 1991, durante el primer evento titulado “Recordando Campo Armada”. Recuerdo que nos tocó como tema “el amor” (éramos 5 parejas de improvisadores y cada uno cantaba uno de los temas de la famosa “Controversia del siglo”, protagonizada por Naborí y Valiente, en el estadio de fútbol Campo Armada, en 1955); recuerdo que fue la controversia más aplaudida de la tarde, o una de las más aplaudidas. Luego, tuvimos incontables controversias: en La Habana muchas, durante mi adolescencia y primera juventud, pero sobre todo en Matanzas (en San Luis, en el Parnaso, en Limonar, en Ibarra, en Colón, en Parico).

Su muerte deja un gran vacío. Basta revisar las redes sociales y ver los comentarios que llegan desde Cuba o desde Miami, las condolencias solidarias de improvisadores de Panamá, Argentina, México, España, Colombia, Perú y otros países. Cómo siempre sucede, él no lo hubiera imaginado. Ninguno de los que cantábamos punto guajiro en la Casa de la Cultura del Cotorro, o en Guamacaro, o en la Peña de Cuatro Caminas y la Sala White de los años 80, hubiera imaginado que su muerte provocaría una ola de pésames entre los improvisadores de casi todos los países de la lengua. Son otros tiempos. Ya todos sabemos que existen los otros. Ya los guajiros repentistas cubanos son conocidos y escuchados por los payadores del cono sur americano, los troveros españoles, los cantadores de mejorana panameños, los galeronistas venezolanos y un largo etcétera. Por eso es perentorio darles la importancia que merecen dentro de Cuba. No basta con el aplauso oficial, tan sobreactuado a veces, tan caritativo pese a todo. No basta con que la UNESCO nos condecore con un título oficial. Es necesario y urgente que en Cuba, el Olimpo del repentismo para algunos, la Meca de la improvisación para otros, se considere a cada repentista como lo que es: un patrimonio real, un artista del que enorgullecerse, y se haga en vida, no cuando no se entere.

¿Unas décimas de muestra? Tomemos estas tres que improvisó con Omar Mirabal en uno de sus regresos a Lote Seco, la barriada de Pipián donde nació. Fue un día de su cumpleaños, y dijo el poeta:


Nací en esta tierra un día
un 27 de mayo
pero me fui en un caballo
de dolor y lejanía.
Hoy vuelvo a esta vaquería
porque el hijo del deber
si quiere buen hombre ser
o quiere ser infinito
nunca olvida el pedacito
que un día lo vio nacer.

Hoy me perfuman las flores
de Madruga y Nueva paz
aquí donde tengo más
amigos que admiradores.
Hoy he vuelto entre cantores
a saborear mi altruismo.
Y a golpe de repentismo
vuelvo a mi pueblo adorado
más viejo y más arrugado
pero sigo siendo el mismo.

La décima está conmigo
como una fruta pintona
desde que la comadrona
vino a cortarme el ombligo.
Por ella soy pan y trigo
de mi monte y de mi llano
y las palmeras temprano
me han mimado sin alarde
desde que empecé una tarde
a cantar punto cubano.

Descansa en paz, poeta. Saluda a los colegas que se han mudado al mundo del silencio y cuéntales los cambios. Diles que pronto, muy pronto, sus nombres serán recuperados, sus obras estudiadas, sus rostros conocidos. Ahora, al menos, tendrán un buen maestro de ceremonias para los guateques post morten.